Las brujas de Zugarramurdi (fragmento)Mikel Azurmendi

Las brujas de Zugarramurdi (fragmento)

"También el juez DeLancre, que no era inquisidor sino autoridad civil, pero creía en el diablo tanto como cualquier inquisidor y se hallaba investido por el rey Henri IV de la autoridad para perseguir, torturar y ejecutar a gente maléfica, había estado escudriñando las pupilas de centenares de niños para detectar en ellas la señal diabólica oculta.
Coetáneo de ellos, el guipuzcoano Lope Martínez de Isasti, doctor y presbítero de Lezo, escribió una Relación de las Maléficas de Cantabria (1618) dando pábulo a cuantos disparates había ido él recogiendo de oídas en su entorno a propósito del aquelarre. Esta actividad la realizó tras haber pasado un período de varios años consumiendo lo más granado de los libros de demonología. Él da cinco nombres de autores que había leído, entre los que destacan Martín Delrío y Sprenger, el autor del Malleus, a quienes confiere veracidad absoluta. Tan gran indigestión de diablo poseía este erudito cura guipuzcoano que ante la noticia de que se habían presentado en Lezo dos muchachos —uno, navarro, y el otro, francés— a postrarse ante el Cristo, confesarse con el cura y exigirle alguna cédula en la que constase que habían declarado ser brujos «con tormentos de cordeles» pero que no lo eran, pide «gran cautela, porque el diablo les persuade que nieguen la verdad en la confesión por que se hagan más graves sus delitos con el sacrilegio que cometen». A Lope de Isasti le hubiese bastado con investigar si habían sido o no torturados para así saber si era verdadero o falso su supuesto de que el diablo les hacía mentir a aquellos muchachos en la confesión a fin de multiplicar sus pecados. Por desgracia, aquel guipuzcoano prefirió amarrarse a su creencia en el diablo, que era apodíctica, a fajarse en la búsqueda de pruebas empíricas que la verificasen.
De este presbítero guipuzcoano procede la primera pista no proveniente de los documentos inquisitoriales de Logroño, que nos da cuenta de un hecho tan extraño como que la Virgen Santísima se introducía en el sabbat para arrebatarle al diablo algunos niños. Según él, un niño de Lezo le había informado de que estando presente en una de las juntas diabólicas adonde era llevado con frecuencia por una bruja francesa, que vivía en Pasajes,
… una noche llegó poco antes del alba una mujer hermosa y bien ataviada que venía poco a poco adonde estaban los niños y viéndola las otras comenzaron a maldecir de ella «Noramala venga la pechilinguesa», y preguntado por él quién era aquélla, respondieron que Nuestra Señora, y ella, llegando a los niños, dijo: «¿Cómo os traen a este lugar engañados? Veníos conmigo, que os volveré a vuestras casas». Y los llevó sobre los hombros.
Como se verá enseguida, el verdadero milagro consistió en que la devoción a la Virgen subía de grados merced a la credulidad en el pacto de los brujos con el Diablo. Es decir, que la devoción a la Virgen medraba entre los fieles euscaldunes conforme el medrar de su conocimiento sobre el demonio. "



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