Culminación de Montoya (fragmento)Luis Gasulla

Culminación de Montoya (fragmento)

"Montoya no comprendió: se había dormido o desmayado.
En la caja de la camioneta improvisaron una cama con el toldo y las mantas, acostaron sobre él el corpulento cuerpo de Montoya y con María a su lado, refrescando la frente que ardía, y el Siútico en la cabina, al volante, y Jorgelina demudada, prosiguieron la marcha.
El péndulo de la tarde se aquietó de nuevo en el fiel de su pereza. A ratos, Montoya deliraba. Entonces, María escuchaba nombres desconocidos para ella. Alusiones a un mundo imaginado pero confuso. Acariciaba la frente del hombre, humedecía los labios apretados, callaba su propio dolor. Una inmensa solicitud, inexpresable todavía, pues el ejercicio de la bondad recién comenzado, ignorando cómo manifestarse, amenazaba trizarse entre lágrimas o risas.
¡Qué distinto parecía este hombre comparado con su marido! Tal vez ni mejor ni peor, solamente distinto. Ella nunca tuvo tiempo para diferenciar con claridad el bien del mal. Era bueno lo que no la lastimaba aunque pasara a su lado sin rozarla y quizá fuera malo lo desconocido, las fuerzas escondidas que podían destruirla; como la que hacía unas horas la había arrastrado hasta la fiesta trágica; la que obligó a Pedro a ir junto con ella, pasivamente, apenas deseando que todo acabara pronto, con la menor pérdida posible. Y todo estaba perdido, hasta la misma vida de Pedro, que no pudo salvar nada del desastre.
En cambio, ahora pasaba sus dedos inhábiles por aquella frente poderosa e indómita, y contemplaba con temor tanta fuerza yacente, la nariz recta, ancha, y los labios gruesos, altaneros, curvándose sobre el mentón recio, donde la quijada parecía cuadrarse enmarcando el rostro de un hombre. Caído, imponía respeto; quizá cuando despertase impondría temor. Si María González, en aquel instante, hubiera podido interpretar sus propios sentimientos, sabría que para siempre, en el bien o en el mal, ella estaba desplomada a su lado, subyugada.
El coronel se recuperaba. Se volvió de lado. Pareció extrañarse de la leve penumbra que lo rodeaba. Vio encima de él un cristal azul, donde algunos destellos insinuaban las primeras estrellas. "



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