No se puede habitar en los ojos de un gato (fragmento)Ana Margarida de Carvalho

No se puede habitar en los ojos de un gato (fragmento)

"La presencia del intruso, ni oficial ni pasajero, ni marinero ni prior, ni esclavo ni capataz, suele suscitar el hecho de que afloren los nervios entre los hombres, como si se tratara de una pieza excedente en un tablero fluctuante. A mí, personalmente, no me inspira compasión alguna, me inclino a favor de ellos, hombres ruines con malogradas encías. Sólo soy la mujer que les complace durante las largas travesías, una mujer incompleta, a la que se puede maltratar, depositaria de todos sus terrores y todos sus clamores, a la que encienden velas y renuevan promesas. Soy ésa que les ofrece los últimos y postreros cuidados, cuando ya tienen un pie en este mundo y un segundo en el otro. Hombres ahítos de rudeza, que se arremangan y muestran toda una suerte de cicatrices, de tatuajes, en unos cuerpos que han sufrido el martirio y que en ese instante responden con ternura a las solicitudes de una mano pequeña y limpia. Nadie, excepto yo, escucha sus débiles pláticas en esa transición. Y si tratan de huir del mar, mortificados por tantas fatigas, padecimientos, disenterías y pestilencias, me buscan en la iglesia, me colman de besos e inciensos y me aguardan en la puerta. Hombres de madera, como yo, de piel curtida e inhóspita faz, piden limosna, en pie. "


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