Condenado a muerte (fragmento)William Somerset Maugham

Condenado a muerte (fragmento)

"El señor y la señora Hamlyn no experimentaban ciertamente el uno para el otro los sentimientos de antes, pero se entendían y se comprendían.
Comparada a muchas otras, su unión podía pasar por ejemplar. Repentinamente descubrió que Hamlyn estaba enamorado. Un "flirt" no la hubiera inquietado.
En varias ocasiones, en casos parecidos, él se había dejado embromar de buena gana, más bien halagado que molesto, y habían reído juntos de esos pasatiempos. Pero esta vez era otra cuestión. Hamlyn amaba con locura, como un muchacho de dieciocho años. ¡A los cincuenta y dos años! Y amaba sin discreción ni prudencia.
Antes que su mujer conociera la triste verdad, todo Yokohama estaba al corriente de ella. Pasado el primer choque -su marido era el último de los hombres a quien hubiera supuesto capaz de semejante locura-, se persuadió de que, si se hubiera tratado de una jovencita, habría podido comprender y perdonar.
¡Cuántos hombres de cierta edad pierden la cabeza por muchachas! Después de veinte años en el Extremo Oriente, no ignoraba que la cincuentena era un cabo peligroso. Pero Hamlyn no tenía excusa. La elegida era ocho años mayor que ella, lo que aumentaba lo grotesco de la aventura.
Dorotea Lacom se acercaba a su décimo lustro. La conocía desde hacía dieciocho años.
Como el esposo voluble, Lacom se ocupaba en la industria de la seda en Yokohama. Se veían como término medio tres o cuatro veces por semana. Un verano, en Inglaterra, los dos matrimonios arrendaron juntos una villa a la orilla del mar. Y nada había sucedido. Hasta el año último sus relaciones se limitaron a una buena camaradería.
¡Inconcebible! Ciertamente, Dorotea era una hermosa mujer, pero ¿no poseía ya antes un esbelto talle, hoy ligeramente grueso, ojos un poco descarados, boca demasiado roja, cabellera opulenta? ¡Cuarenta y ocho años! ¡Tenía cuarenta y ocho años! La señora Hamlyn procedió por un ataque brusco. Su marido comenzó por negar, pero ante los datos acumulados, se turbó y terminó por confesar lo que ya no podía ocultar. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com