El último hereje (fragmento)Jesús Ávila Granados

El último hereje (fragmento)

"Habían transcurrido setenta y siete años desde la caída de Montségur, sesenta y seis desde la de Quéribus, el último baluarte de los bons hommes del Languedoc, y apenas siete desde la muerte en la hoguera del último gran maestre templario, Jacques Bernard de Molay, frente a la mismísima catedral de Notre-Dame de París. Las antiguas sedes de los obispados cátaros eran tan sólo un recuerdo. En su lugar, la Iglesia romana ejercía el poder con mano férrea, mientras sus ministros, sólidamente establecidos y con el apoyo logístico del Santo Oficio, seguían nadando en la abundancia, y sus miembros no predicaban precisamente con el ejemplo. Las masacres de la cruzada primero (de 1209 a 1255) y el terror oficialmente impuesto por la Inquisición después llenaron de cadáveres esa tierra a lo largo de todo el siglo XIII, con un recuento final que superó el millón de muertos. En aquella sangrienta guerra, pocas ciudades, pueblos, aldeas o ciudadelas occitanas fueron respetados por los ejércitos invasores del norte, y cuando fracaso el lenguaje de las armas, empezaron a funcionar los macabros mecanismos de la terrorífica Inquisición, que no sólo destruía la resistencia física de las gentes, sino que también aniquilaba su capacidad de pensamiento. A comienzos del siglo XIV, poco quedaba ya de aquel fascinante país que, en muchos sentidos, fue el más avanzado del Viejo Continente. "


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