Descubriendo a Coco (fragmento)Edmonde Charles-Roux

Descubriendo a Coco (fragmento)

"Pero ¿qué es un ser humano sino la suma de las características de su gente?
Una vez que los muebles ocuparon su lugar, Joseph Chanel se procuró un vino afrutado del terruño, que sus vecinos apreciaron. Había dado el primer paso. La mujer se dedicó al horno y ofrecía pan casero. Pronto en la puerta de la casa Boschet se colocó un letrero que prometía al que entraba «Buen pan. Buen vino. Lotería. Licores. Bombones». Era el Chanel, la taberna de pueblo.
Así lo llamaban y así lo llama todavía la gente del lugar.
Hoy la glorieta solo conserva las últimas ramas de una planta escuálida y los grandes castaños que permanecen en pie alrededor de la casa tienen tantas ramas muertas como hojas. El letrero se ha borrado. La sala común no ha cambiado. El mismo horno de pan, las largas mesas, los estrechos bancos.
Ha pasado un siglo y medio desde la época en que en esa sala servía bebida el bisabuelo de Gabrielle Chanel. Y después de él, su hijo… Y después nadie más. No hay puertas en el establo. No hay movimiento en torno a la casa. Y el techo cubierto de pizarra, por lo general azotado por la nieve, se encorva peligrosamente. El viento golpea los postigos.
En el cementerio, de cara a la nieve con vistas a la montaña, bajo las musgosas losas, reposan los que vivieron días laboriosos en Ponteils, solidarios en el orgullo del trabajo y en el amor a la tierra. Allí están los Daude, los Nègre y los Roux; allí están los Castanier y los Sylvain Chambon. Allí están los que murieron por Francia, el que fue cura en Arles, marino en África o carpintero en Brest. Todos han regresado a la aldea, han vuelto a la tierra, como las piedras. "



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