La quinta estación (fragmento)Nora K. Jemisin

La quinta estación (fragmento)

"Al otro lado del estanque hay otro Guardián que holgazanea en un rincón lleno de rosales y que hace como que escucha con atención mientras un estudiante cercano canta frente a un exiguo público que está sentado. Quizás el Guardián sí que lo escuche de verdad: a veces lo hacen. Y a veces también necesitan relajarse. Pero Siena repara en que tiene la mirada puesta en uno de los miembros del público en particular: un joven blanco y delgado que no parece prestarle demasiada atención al cantante. Se mira las manos, que descansan sobre los muslos. Tiene una venda que une y endereza dos de sus dedos.
Siena no deja de caminar.
Primero se detiene en la Adarga Combada, uno de los muchos grupos de edificios que alojan a cientos de estudiantes orogenes. Agradece que sus compañeros de habitación no estén en casa y no la vean coger de su baúl lo que necesita. El rumor de que le han encargado una misión no tardará en llegarles. Luego se marcha del lugar, para terminar en la Trascendencia Somática. La torre es una de las construcciones más antiguas del complejo del Fulcro. Es baja, alargada y construida con bloques de mármol blanco de una angulosidad imperturbable, algo que no casa con la arquitectura moderna e indómita de Yumenes. El gran portón de doble hoja da paso a un vestíbulo elegante, con el suelo y las paredes estampadas con relieves de la historia de Sanze. Camina sin prisa y saluda a los instructores con quienes se cruza, aunque no los reconozca, ya que quiere conseguir el trabajo de Feldespato, sube por la escalinata poco a poco, y vuelve a hacer una pausa para apreciar la gracia del baile de luces y sombras que proyectan las estrechas ventanas. La verdad es que no está segura de qué hace tan especiales esas formas, pero todo el mundo afirma que son una maravillosa obra de arte y quiere que la vean apreciándolas. "



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