Versos de vida y muerte (fragmento)Amos Oz

Versos de vida y muerte (fragmento)

"Se pasa el día en la terraza sentado en su sillón y leyendo con curiosidad una novela de una escritora joven que creció en un entorno religioso pero que se ha rebelado contra los dogmas, o concentrado en el libro de memorias de uno de los fundadores de la organización sin ánimo de lucro Ayuda a los necesitados. Aún ve bien y no necesita gafas para leer. Y de repente tropieza con su propio nombre mencionado como si tal cosa en una de las páginas del libro, junto con dos o tres citas de sus viejos versos. Esos versos le producen de pronto al anciano poeta una resplandeciente alegría infantil y sonríe por un instante y acompaña moviendo los labios la lectura de sus versos de hace decenas de años: él mismo casi los había olvidado y creía, sin ninguna pena, que habían sido olvidados por todos, y ahora resulta que sus versos están ahí, en el nuevo libro de esa joven escritora y, a sus ojos, no son nada malos.
Sus ojos son ingenuos y redondos, unos ojos azules intensos bajo unas cejas canosas, como dos lagos sobre los que se alzan unas montañas nevadas, y su cuerpo, que antes era rechoncho, es ahora un cuerpo de cerilla enjuto y delicado como el de un niño, un cuerpo liso, sin ningún pelo, envuelto en una bata de franela blanca donde está grabado el emblema de la residencia de ancianos y la frase: «¡Jóvenes de espíritu!». Una diminuta burbuja de saliva le sale ahora al poeta por la comisura izquierda de los labios. Cada dos o tres horas, la enfermera Nadia le lleva un vaso de té con limón y un terrón de azúcar, así como una rebanada de pan blanco, pan tierno y ligero, sin corteza. Se pasa horas y horas descansando, sin moverse, respirando el aire del pueblo y los olores del campo, pausadamente, con un leve silbido, masticando sin cesar el trozo de pan que tiene en la boca, adormilado, o tal vez despierto, con el libro de la joven autora, que ha salido de un entorno religioso, abierto boca abajo sobre las piernas, pensando en esa escritora y preguntándose si es posible que la muerte sea completamente distinta a la vida. Irreconociblemente distinta. O si quizás, a pesar de todo, hay alguna semejanza, o una sombra de semejanza, entre el antes y el después de la muerte, porque al menos una leve sombra de semejanza existe entre todos los tiempos y todas las situaciones del mundo. Tal vez el poeta permanezca así todos los días, absorto con sus reflexivos ojos azules en el movimiento de las copas de los árboles con el viento o en los viajes de las nubes.
Pero, haciendo un sencillo cálculo, es casi imposible que ese poeta siga vivo: su columna semanal Versos de vida y muerte guardó silencio hace ya muchos años. Davar Hashavua ha desaparecido. La Histadrut ha perdido importancia. En vez de los sindicatos de obreros con sus asambleas culturales que creen tener la misión y la obligación moral de llegar al pueblo llano y de elevar paulatinamente su nivel cultural, el país se está llenando de astutas empresas de mano de obra y de tratantes de esclavos que importan de los países pobres manadas de sirvientas y de hombres que realizan trabajos forzados. "



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