El juego de la sombra (fragmento)Louise Erdrich

El juego de la sombra (fragmento)

"Si cundiera el pánico repentinamente, una bomba lanzada sobre Minneapolis, un asteroide a punto de golpear el Walker Center, una pandemia vírica cien por cien letal, un avión que chocara contra la torre IDS, una rebelión de los vampiros, si unos asesinos indios o unos nazis resucitados o el invierno nuclear se hicieran con el Gobierno de Estados Unidos, si llegara a pasar cualquiera de estas cosas y la familia tuviese que huir, a ella la dejarían atrás.
Lo harían porque era una niña tranquila. ¡Y aún más ahora! Se fundía con su entorno. Adoptaba la forma de las cosas. Tenía cuidado en no significarse ni llamar la atención cuando cenaban en familia o veían una película todos juntos. Por supuesto, clasificaba y observaba todo con una mirada lúcida. Y si bien se mostraba reservada, no era un ratón, o de serlo, era un ratón valiente. Nunca se arrastraba o se escondía. Caminaba muy erguida, descalza, sigilosa, al estilo indio. Conocía cada crujido de la vieja y elegante casa. Podía desplazarse rápidamente y sin hacer ruido hasta cualquier rincón. Había cogido un bote de aceite WD-40 y engrasado las bisagras de las puertas que utilizaban los niños; sin embargo, dejó que las puertas del estudio de su padre, del cuarto de baño y del dormitorio de sus padres siguieran chirriando. A pesar de todo, cuando su padre se enfadaba, no siempre se aprovechaba de su sabiduría y desaparecía. Intentaba obligarse a respirar. Intentaba obligarse a pensar. A veces, como los perros, decidía caminar hacia su ira.
Según su recopilación de recuerdos, se había defendido con valentía la mitad de las veces. Con cobardía la otra mitad. Preparaba su ataque sorpresa leyendo el libro que había sacado a hurtadillas del despacho de su madre. Todavía leía las cartas de Catlin una y otra vez, en especial la parte sobre el entrenamiento sangriento de los guerreros mandanes. Aún le faltaba valor para agujerearse la piel, pero se estaba endureciendo ante los golpes. Por la noche, se pegaba con una regla. Se abofeteaba ella misma la cara, aguantaba la respiración bajo el agua en la bañera, se tiraba del pelo y se causaba moratones en las piernas. Estaría preparada. "



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