Delfina (fragmento)Manuel Podestá

Delfina (fragmento)

"En ese momento, un grupo de niñas y de jóvenes, a quienes había impresionado la voz de Delfina como una revelación del más puro sentimiento musical, venía a pedirle el bis de la bella romanza, que tanto les había deleitado.
Delfina estaba indecisa y temerosa de que la señora de Moran pudiese observar que ella, la institutriz, se considerase también como una invitada. Había llenado un número del programa por pedido de Cristian y creía que ya debía retirarse del salón, y lo hubiera hecho, si Cristian mismo no la hubiera retenido con insistencia. Ese mismo pensamiento la había obligado a rehusar acompañarlo en una pieza de baile que tanto la suplicara concederle.
Ante la insistencia del grupo, dirigió una mirada a Cristian como para consultarlo respecto de lo que debía hacer.
[...]
Habían transcurrido apenas dos días después de la fiesta, cuando encontramos a Julia por primera vez encerrada en su habitación con el corazón agitado por un cúmulo de emociones que en vano trataba de dominar.
Su espíritu, rebelde hasta entonces a dar cabida a la realidad de los amores de Delfina con Cristian, tuvo que sufrir el choque de la evidencia en esa noche inolvidable, que fue para ella la más completa revelación de que sus presentimientos se habían confirmado plenamente.
Muchas de las personas que habían concurrido a la fiesta, especialmente sus amigas más íntimas, habían podido apreciar en todo su alcance la conducta de Cristian, y no pocas, sin sospechar que ahondaban la herida que había desgarrado el corazón de Julia, se acercaban a ella para insinuarle con un tono de misterio confidencial el triunfo de la bella institutriz. "



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