Gracias por el fuego (fragmento)Mario Benedetti

Gracias por el fuego (fragmento)

"No la merece, eso es lo único seguro. Pero ¿quién merece a Dolly? Hace como dos meses que no la veo. Mejor. Me hace daño verla. ¿Alguna vez se lo diré? No creo. Hugo es mi hermano. Dolly querida. Hugo es mi hermano. Dolly querida. Si yo pudiera residir un minuto, un solo minuto en su cabeza, no, mejor en su corazón, si yo pudiera saber qué piensa ella de mí. Mi cuñado Ramón, sólo eso. Sin embargo, dos o tres veces la he sorprendido mirándome con cariño. También los cuñados se pueden tener cariño con permiso de la Santa Madre Iglesia. Pero yo a veces tuve la impresión de que ella me miraba con un cariño no autorizado por la Santa Madre Iglesia. Hugo es mi hermano. Pero qué guarango. Dolly querida. Me parece que fue en lo de Méndez. Claro que fue en lo de Méndez. Todo un Fin de Año colectivo. Y ella y yo de pronto solos en el balcón largo, con las copas de champán sobre la mesita ratona. Faltaban quince minutos para el primero de enero de mil novecientos cincuenta y siete. Hugo bailando cheek-to-cheek con Marinés. Se perdieron, se pierden detrás del biombo con afiches. Nunca hablamos vos y yo, dice Dolly. Se me hace un nudo en la garganta. No, nunca, y es una lástima porque me gusta mucho hablar contigo. ¿Cómo te ha ido últimamente? ¿En qué sentido, Dolly? ¿Te referís a la Agencia? No, ahí sé que te va bien. ¿Con Susana entonces? No, me imagino que por ese lado no tengas problemas. No imagines tanto. Yo me refería a tu padre. ¿A mi padre? Sí, Ramón, cuando los veo juntos me parece siempre que algo va a estallar. Dolly, tu radar funciona a la perfección. Pero eso te está matando, Ramón, perdona que te lo diga. No sólo te perdono sino que te agradezco. Ramón, date cuenta de que vos sos el único perjudicado; a tu padre nada de eso le hace mella. Demasiado lo sé. ¿Y entonces? Es algo más fuerte que yo. Pero no más fuerte que él. Dolly. ¿Qué, Ramón? Me parece que vos al Viejo no lo querés mucho. Pero. No te pongas colorada, que quedás demasiado linda. Pero. Si yo te comprendo, Dol y, te comprendo tanto como para confiarte un secreto: yo tampoco lo quiero. Pero, cállate, no digas nada más, no estropees este último minuto de mil novecientos cincuenta y seis, después de haberme dado la mejor alegría del año. ¿Yo? No sabés lo que significa estar siempre rodeado de gente que te dice Ah El Doctor Qué Hombre Extraordinario, Feliz De Usted Ramón Que Tiene Ese Padre; te juro que no le tengo envidia ni rencor ni celos; lo odio un poco nomás. Por favor, Ramón, no digas eso. Te advierto que si me volvés a tapar la boca con la mano, te la beso. ¿Eso es de caballeros, no? Pero no cuando el beso es en la palma. Me dan ganas de que digas otro disparate para así taparte otra vez la boca. Y que yo. Feliz Año Nuevo, Felicidades, vengan Ramón y Dolly, ¿dónde está mi mujercita? Feliz año, Hugo. ¿Susana? Mejor la busco. Susana ¿dónde está Susana? Pobre Susana. Susana vomita, vomitaba en el baño, devolvía al flamante mil novecientos cincuenta y siete su último trago de mil novecientos cincuenta y seis. Para así taparte otra vez la boca, había dicho Dolly. ¿Entonces? No sé. Hugo es mi hermano. Dolly querida. "


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