Emily L. (fragmento)Marguerite Duras

Emily L. (fragmento)

"Un día, hacía entonces cuatro años que vivía con el Captain en aquel alojamiento de encima de los cobertizos, ella había escrito poesías. No era la primera vez. Siempre las había escrito antes, siempre, pero tras su encuentro con el Captain había permanecido varios años sin hacerlo. Y luego he aquí que había vuelto a empezar.
Esto duró un año.
Ella había escrito poesías. Quince. Quince poesías.
Sucedió que una de ellas había aparecido en una revista especializada de Newport.
Ella decía al Captain que en sus poemas ponía a la vez toda su pasión por él, el Captain, y toda la desesperación de cada ser vivo.
El Captain no creía que en sus poemas pusiera lo que ella decía poner en ellos. Lo que ponía en realidad, el Captain lo ignoraba. He aquí en qué situación se hallaba el Captain cara a los poemas que escribía su mujer.
El Captain había sufrido. Una verdadera condena. Como si ella le hubiera traicionado, como si ella hubiera tenido otra vida paralela a aquella que él había creído suya, allí, en el alojamiento de los cobertizos. Una vida clandestina, oculta, incomprensible, vergonzosa tal vez, más dolorosa aún para el Captain que si ella le hubiera sido infiel con el cuerpo, aquel cuerpo que antes de las poesías hubiera sido lo único en el mundo que le hubiera llevado sin duda a suprimirla si ella lo hubiera entregado a otro hombre.
Una vez, él le había hablado de aquello, del sufrimiento al que le lanzaban aquellas poesías porque no las comprendía. Ella debió de equivocarse respecto al sentido de su confesión. Le dijo, en efecto, que si aquellas poesías le hacían sufrir, era que, sin duda, había empezado ya a leerlas, a comprenderlas.
(...)
Sabe que ella escucha aquella historia. Es necesario, cada noche, por ella, en su lugar, hablar un poco…
Digo que el Captain no ha debido nunca de comprender del todo a aquella chica de la isla de Wight. Aquella mujer a la que amó. Y que ella debe de saberlo.
Que él debía de estar al corriente de las crisis que ella sufría de vez en cuando, contra el barco, el viaje, incluso aunque no le hablara de ello. Pero él decía que era mal humor, que aquello se producía durante el regreso de cada viaje. Cada vez más, ella creía haberlo olvidado todo de aquella casa durante el viaje, cómo era el salón y su habitación y el camino para ir al mar y al jardín y aquel bosque a la orilla del mar, aquellos eucaliptos que habían plantado el día que naciera. Y quería saber incluso acerca de aquel alojamiento de encima de los cobertizos de los barcos. Este era el motivo por el que quería volver a verlo todo, a comprobarlo. El Captain no quería ni oír hablar de aquellas cosas. La dejaba hablar sin escucharla. No quería saber más que las generalidades. Se negaba a entrar en los detalles de aquel mal humor.
A decir verdad, en cada uno de sus regresos a aquella región, el Captain debía de temer lo peor, que fuera la última vez, que fuera el final.
Ahora lo sabemos. Lo que dicen gira en torno a los primeros años de su amor. Generalmente se paraban una hora delante de la casa de la isla de Wight. Ella miraba el parque y algunas habitaciones, con frecuencia sin entrar, desde la puerta. Luego, al caer la tarde, ella quería partir de nuevo: Escapar antes de la noche, decía. Habían adquirido aquella costumbre de ir a un determinado hotel de Newport. La ciudad. Siempre había vuelto a ella con la misma ilusión. Pero eso no quiere decir que una mañana próxima, en la habitación del hotel de Newport, le diga que no volverá al mar, que se ha terminado, del todo, y para siempre.
Aquella noche, el Captain tenía miedo. Esta vez ella no dice por qué quiere ir a dormir a la casa de la isla de Wight. El no quiere ceder a aquel deseo, le parece exagerado, poco razonable. Es casi una incorrección para con él insistir de aquel modo, ella, por lo general tan educada, tan encantadora. She carries things to extremes… dice el Captain. She goes too far… Cambia siempre de idea. She's always changing her mind. "



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