Heredarás la tierra (fragmento)Jane Smiley

Heredarás la tierra (fragmento)

"La tormenta amainó después de medianoche, aunque siguió lloviendo a cántaros. Ty y Pete regresaron y volvieron a salir. Pasadas las dos, Rose y yo nos acostamos en mi cama y creo que ella se quedó dormida. Me levanté para arropar a las chicas, que se habían destapado. Todo el mundo parecía haberse refugiado en mi casa.
Linda tenía una pierna encima de la de Pammy, y las manos de una estaban junto a las de la otra: sin duda se habían cogido de las manos, pero al quedarse dormidas se soltaron. Yo las conocía desde su nacimiento, repetidas veces había alzado ese peso denso que sólo tienen los bebés. Los incontables momentos pasados con cada una de ellas me parecían inmortales: aquella vez en que Pammy tenía dieciocho meses y estábamos todos sentados alrededor de la mesa, y ella levantó los brazos por encima de la cabeza y dijo «¡Alto!», y todos levantamos los brazos por encima de nuestras cabezas y gritamos «¡Alto! ¡Alto! ¡Alto!», hasta que Pammy apoyó las palmas sobre la mesa y gritó «Bajo», y rió estrepitosamente su propia broma. Cuando Linda era un bebé, apretaba la comida en el puño hasta que le rezumaba entre los dedos, y sólo entonces la comía. ¿Cómo podía alguien acercarse a ellas con malas intenciones? ¿Cómo podía alguien no sentirse inclinado a protegerlas, sino a hacerles daño, especialmente así, en plena noche, al ver sus cuerpos dormidos, indefensos y sin resistencia?
Por supuesto no habían sido sus cuerpos sino los nuestros, mejor dicho el de Rose. Pero también el mío, si él entraba en mi habitación, aunque sólo fuera para cerrar las ventanas, aunque sólo fuera para ver si estaba dormida.
Yo estaba allí tendida y tan relajada como ellas ahora, enredada en el camisón, el pelo caído sobre la cara. Y la verdad era que aunque no podía imaginar a mi padre haciendo lo que Rose decía que había hecho, tampoco me lo imaginaba haciendo lo que yo hacía ahora, mirando a sus hijas con aprecio y afecto, sintiendo por nosotras la ternura que yo sentía por Pammy y Linda. Me estremecí, ajusté el cubrecama alrededor de ellas y salí del dormitorio.
Todavía estaba vestida, pero me metí en la cama junto a Rose, que se había echado encima de la colcha, y se había tapado la cabeza con el edredón. Debí de quedarme dormida. "



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