Cumandá (fragmento)Juan León Mera

Cumandá (fragmento)

"Era media noche. La hoguera presentaba un gran conjunto de brasas ceñido de un marco de cenizas y ramas a medio quemar, y sólo tal cual llamarada, presta a desaparecer al menor soplo del viento, se movía trémula, asida al tronco que la produjo, como el último aliento de la vida en cuerpo agonizante.
El fervor de la fiesta había ido apagándose a par del fuego de la hoguera. Casi todas las hachas de viento se habían extinguido, consumida la resina, y sólo arrojaban revueltas columnillas de humo hediondo, que cuando las tendía el viento penetraban en las cabañas. La luna derramaba sin rival su luz sobre el campo silencioso y triste que dos horas antes animaban las danzas, los cantares y las exclamaciones de gozo de veinte alegres tribus. Unos pocos salvajes vagan, tambaleándose y buscando sus chozas, como el ciervo herido y moribundo que quiere abrigarse en su guarida de musgo; o bien se diría que son los manes de los que yacían en ese campo misterioso y fúnebre, donde al parecer había cesado la vida agotada por el abuso de los groseros placeres. Las fuerzas que éstos consumen, aun en la sociedad civilizada, son más difícilmente restauradas por el sueño, que las gastadas por el trabajo. El sueño que más se parece a la muerte es el de la embriaguez, y poco faltaba a esos salvajes para estar verdaderamente muertos. Pero es necesario hacer una excepción: los andoanos, bien por no olvidar las advertencias del padre Domingo, bien porque en razón de sus creencias cristianas no tomaban parte activa en la fiesta, habían bebido muy poco licor y dormían tranquilos en sus ranchos alejados de los demás. "



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