Camino de hierro (fragmento)Nativel Preciado

Camino de hierro (fragmento)

"Averiguar cierta clase de verdades siempre resulta doloroso. Sospecho que algo de mí habría ya en la conciencia de mi abuelo cuando sufría las humillaciones de sus carceleros. Yo existía en el sufrimiento de mi madre. Lástima que no podamos bucear en el pasado con la distancia del naturalista que toma notas mientras contempla cómo se aparean las jirafas. No, no es posible. Por eso permanecen abiertas las heridas de la Guerra Civil en quienes no tuvimos edad para vivirla ni de lejos. No estoy preparada para recrear la memoria de una manera aséptica. Lo sé. Estoy convencida de que se deben repartir, con más equidad que hasta ahora, las bondades y las vilezas entre los dos bandos enfrentados. Pienso, sin embargo, en las derrotas y en los horrores familiares y los siento todavía demasiado recientes como para tomar distancias, pero no puedo evitar los recuerdos. Tengo derecho a recordar en voz alta. Nadie puede dar por definitivamente olvidada su historia personal ni la de su familia ni la de su país. Reconozco que soy incapaz de analizar los testimonios de mi abuelo con la suficiente lejanía para matizar mis fobias. Aun teniendo, como tengo, la más absoluta convicción de que, excepto los vencedores prepotentes o los perdedores más fanáticos, el resto de los contendientes intentaron transmitirnos con todas sus fuerzas que una guerra civil es un drama sin sentido. Gracias a ese espíritu de pacifismo instintivo, casi subconsciente, que nos legaron la mayoría de las víctimas, fue posible, en cierto modo, la transición pacífica a la democracia que yo he vivido con tanto provecho.
Lo sé. La guerra es un horror para todos y hay que huir de ella como de la peste. No hay duda, sin embargo, de que estoy aquí, reconstruyendo la memoria histórica con la convicción de que los ojos de las víctimas me siguen mirando. Una legión de desconocidos que no logró sobrevivir a la destrucción. Personas que se quedaron en el camino, solas, derrotadas, muertas, fusiladas o desaparecidas, y, desde luego, las víctimas cercanas, los exiliados como mi tío Fabricio, nuestro amigo Charly y los otros niños que acabaron desperdigados por el mundo. Peores estragos que la injusticia causa el olvido. Hay que rescatar del olvido a los muertos. "



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