Agua salada (fragmento)Charles Simmons

Agua salada (fragmento)

"En el verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó.
Durante una semana entera, a finales de junio, se formó un banco de arena a un kilómetro océano adentro. No era visible, pero sabíamos que estaba donde las olas rompían. Cada día esperábamos que asomara con la bajamar. Nunca se había formado un banco tan adentro, y nos preguntábamos si aguantaría. De ser así, el agua más próxima a la orilla quedaría protegida y más en calma, y podríamos trasladar nuestro barco, el Angela, enfrente de casa, en lugar de dejarlo en Johns Bay, al otro lado del cabo Bone Point. La actividad de nadar cambiaría, naturalmente, sería como hacerlo en la bahía, y ya no podríamos pescar con caña en la orilla.
Padre y yo salíamos a pescar caballas, corvinas, pejerreyes y lubinas. Las lubinas eran los peces más peleones y el manjar más sabroso. Cogíamos también muchas lijas, bichos pequeños e inútiles que devolvíamos al agua. A veces intentábamos pescar tiburones de verdad, con un anzuelo grande que pesaba tanto que no podíamos lanzarlo. Le clavábamos un filete de caballa y yo me tiraba al agua con él, me alejaba y lo dejaba caer en el fondo. Lo hacía incluso de pequeño, sólo que en aquella época me zambullía con el flotador, soltaba el anzuelo y padre me izaba con una cuerda. A madre no le gustaba un pelo, aunque sólo lo hacíamos cuando el agua estaba como un plato. Una vez cogimos un pez martillo que pesaba casi cincuenta kilos, el pez más raro que yo había visto en mi vida. Tenía la cabeza en forma de maza, con un ojo a cada lado. La gente decía que comía carne humana, pero padre me aseguró que no.
También pescábamos rayas. Si picaba alguna y yo estaba en la casa, padre me llamaba a voces y yo acudía corriendo con el arpón. Las rayas son peces planos y muy anchos. Cuando las pescas cerca de la orilla, en aguas poco profundas, se agarran al fondo y no hay manera de sacarlas. "



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