Arthur y George (fragmento)Julian Barnes

Arthur y George (fragmento)

"Es tan distinta de Touie: directa, franca, sin prejuicios. Desde el principio ha tratado como un igual a Arthur. Y ella es su igual, por supuesto, en el amor que les une. Pero él es el responsable de los dos y de ella. Ha de velar para que la franqueza de Jean no llegue a deshonrarla.
En las semanas siguientes, hay veces en que se pregunta incluso si ella no estará esperando que la haga su amante. La avidez de sus besos; la desilusión cuando él la rehúye; la forma en que se aprieta contra él, la sensación que Arthur tiene a veces de que ella sabe con toda exactitud cómo se siente. Con todo, rechaza esta idea. Ella no es esa clase de mujer; que carezca de falsa modestia es un indicio de que confía en él por completo, y que confiaría aunque no fuera el hombre de principios que es.
Pero no basta con resolver los escollos prácticos de su relación; él también necesita aprobación moral. Arthur sube en St. Paneras al tren a Leeds en un estado de desazón. Su madre sigue siendo el árbitro definitivo. Lee cada palabra que él escribe antes de que se publique; y ella ha hecho en su vida afectiva lo mismo que Arthur. Sólo su madre puede corroborar que es correcta la línea de acción que él se propone.
En Leeds toma el tren a Carnforth y hace transbordo en Clapham para ir a Ingleton. Ella le espera en la estación, con su carro de mimbre tirado por un pony; lleva una chaqueta roja y el gorro de algodón blanco del que se ha encariñado en los últimos años. A Arthur le parece interminable la ambladura de cuatro kilómetros en el carro de dos ruedas. La madre cede continuamente ante el pony, que se llama Mooi y tiene sus excentricidades, como negarse a pasar por delante de una máquina de vapor. Esto implica que hay que evitar las obras viadas y aplaudir cada capricho de distracción equina. Por fin llegan a Masongill Cottage. Arthur desembucha de inmediato. Se lo cuenta todo a su madre; es decir, todo lo que importa. Todo lo necesario para que ella le aconseje sobre ese elevado amor que siente el hijo, un regalo de los dioses. Todo sobre el súbito prodigio y la súbita imposibilidad de su vida. Todo sobre sus sentimientos, su sentido del honor y su sensación de culpa. Todo sobre Jean, su carácter dulcemente directo, su inteligencia incisiva, su virtud. Todo. Casi todo.
Da marcha atrás, vuelve a empezar; entra en detalles diversos. Realza la ascendencia de Jean, su estirpe escocesa, un linaje a propósito para cautivar a cualquier genealogista aficionado. Desciende de Malise de Leggy en el siglo XIII, y por otra línea del propio Rob Roy. Su situación actual: vive con sus padres acaudalados en Blackheath. La familia Leckie, respetable y religiosa, que hizo su fortuna comerciando con té. La edad de Jean: veintiuno. Su hermosa voz de mezzosoprano, educada en Dresde y que pronto perfeccionará en Florencia. Su destreza suprema de amazona, que él aún no ha presenciado. Su rápida comprensión, su sinceridad, su entereza. Y después su apariencia personal, que en Arthur provoca un trance. Su cuerpo delgado, sus manos y pies pequeños, su pelo rubio oscuro, sus ojos verde avellana, la cara suavemente alargada, su delicada tez blanca. "



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