El romance del bosque (fragmento)Ann Radcliffe

El romance del bosque (fragmento)

"Su preocupación sólo le permitió expresar algunas breves respuestas a Madame La Motte y una orden imprecisa a Peter de que condujese con precaución y procurase hallar un camino. Las sombras de la noche se espesaron a su alrededor, reforzadas por la penumbra del bosque, y pronto se hizo muy peligroso seguir adelante. Peter se detuvo. Mas La Motte, insistiendo en su primera determinación, le ordenó proseguir. El criado se aventuró a protestar, y Madame La Motte le suplicó; sin embargo, su esposo les censuró y ordenó a aquel que se pusiera en marcha, de lo que luego se arrepentiría, pues una de las ruedas traseras pasó por encima del tocón de un árbol viejo, que la oscuridad impidió que Peter advirtiera, e inmediatamente volcó el carruaje.
Como puede suponerse, el grupo se asustó bastante, aunque nadie sufrió daño material alguno. Después de liberarse de tan peligrosa situación, La Motte y Peter trataron de levantar el carruaje. En seguida se dieron cuenta del alcance de su infortunio, pues comprobaron que la rueda estaba rota. Su desolación era bastante razonable, no sólo porque el coche estaba imposibilitado para continuar, sino porque tampoco les ofrecía refugio contra el helado rocío de la noche, ya que no podían mantenerlo en posición enderezada. Después de algunos momentos de silencio, La Motte propuso regresar a las ruinas que acababan de abandonar, de las que aún no se hallaban más que a corta distancia, y pasar la noche en la parte más habitable de ellas. Cuando amaneciera, enviaría a Peter con uno de los caballos del tiro a buscar un camino y una aldea donde pudiese lograr ayuda para reparar el carruaje. Esa propuesta fue rechazada por Madame La Motte, que se estremecía con sólo pensar en pasar tantas horas en medio de la más completa oscuridad en un lugar tan desolado como aquel monasterio. Superada por esos temores, que no se atrevía a examinar ni a combatir, le dijo a su esposo que prefería permanecer expuesta al malsano rocío de la noche que enfrentarse a la desolación de las ruinas. Al principio La Motte era igualmente reacio a regresar a aquel lugar, pero tras dominar esos sentimientos, decidió no ceder a los de su esposa.
Después de desenganchar los caballos del carruaje, el grupo se dirigió hacia el edificio. Peter, que les seguía, encendió una luz, y entraron en las ruinas iluminados por las llamas de unas ramas encendidas que había recogido. Los destellos que aquellas arrojaban sobre la fábrica parecían hacer más solemne su desolación, al paso que la oscuridad de la mayor parte de la mole realzaba su sublimidad y preparaba la imaginación para escenas de horror. Adeline, que hasta entonces había permanecido en silencio, profirió una exclamación, mezcla de admiración y de miedo. Una especie de temor agradable se apoderó de su alma, haciendo que se estremeciera su corazón. Sus ojos se llenaron de lágrimas: aunque tenía miedo, quería continuar y optó por cogerse del brazo de La Motte, mirándole con una especie de interrogación indecisa. "



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