La literatura en peligro (fragmento)Tzvetan Todorov

La literatura en peligro (fragmento)

"La consecuencia inmediata es que las artes, separadas del contexto de su creación, exigen que se establezcan lugares en los que puedan consumirse. Para los cuadros se instalarán salones, galerías y museos: el British Museum abre sus puertas en 1733, los Uffizi y el Vaticano en 1759, el Louvre en 1791. Reunir en un solo lugar los cuadros, originariamente destinados a asumir las más diversas funciones en iglesias, palacios o viviendas particulares, hace que ahora se les reserve un único uso: ser contemplados y apreciados por su solo valor estético. La jerarquía entre sentido y belleza ha quedado invertida: lo deseable (la calidad de la ejecución) se convierte en necesario, y lo necesario (la referencia teológica o mitológica) ya sólo será facultativo. Hasta el punto de que lo que transforma un objeto cualquiera en obra de arte es su inclusión en un museo o en una galería, porque para que se desencadene la percepción estética basta con exponer el objeto. La vinculación automática entre este tipo de lugar y esta forma de percepción se impone con evidencia desde que Marcel Duchamp colocó su famoso urinario en un lugar destinado a las obras de arte. Por el mero hecho de estar donde estaba, se convirtió en obra de arte, cuando su proceso de fabricación nada tiene que ver con el de una escultura o un cuadro.
En pocas palabras, los dos movimientos que en el siglo XVIII transforman la concepción del arte, la asimilación del creador a un dios que fabrica un microcosmos y la asimilación de la obra a un objeto de pura contemplación, ilustran la progresiva secularización del mundo en Europa y a su vez contribuyen a una nueva sacralización del arte. En este momento de la historia el arte encarna a la vez la libertad del creador y su soberanía, su autosuficiencia y su trascendencia respecto del mundo. Cada uno de los movimientos consolida el otro. La belleza se define como aquello que, en el plano funcional, no tiene un fin práctico, y a la vez como aquello que, en el plano estructural, se organiza con el rigor de un cosmos. La ausencia de finalidad externa queda en cierta medida compensada por la densidad de las finalidades internas, es decir, de las relaciones entre las partes y los elementos de la obra. Gracias al arte el individuo humano puede alcanzar lo absoluto. "



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