El pecado y la noche (fragmento)Antonio de Hoyos y Vinent

El pecado y la noche (fragmento)

"Otra vez me vi en el tren. No sé cómo fue; desde el momento en que me arrancaron a mi extática contemplación, viví una vida tan intensa de horror, de alucinación y de locura, lo sobrenatural, lo absurdo, lo quimérico, se instaló de tal modo en mi vida, que aun ahora, que han pasado muchos años, recuerdo todo, como al través de un espeso velo, con esa vaguedad escalofriante con que evocamos unos meses pasados en una casa de locos, o las horrendas pesadillas que nos acarrearon las frecuentaciones de los venenos sabios, y mis cabellos se erizan.
Vime, pues, en el tren camino de Rosemburg. Era el departamento una berlina, colocada junto al furgón de equipajes. Al otro extremo del convoy, al lado de la máquina, iba el furgón mortuorio en que, rodeada de luces y flores, dormía la princesa Elvira. En dos coches del tren regio iban el Emperador, rodeado de los príncipes, grandes duques, prelados y altos dignatarios de la Corte. En el resto de los vagones, el Estado Mayor del soberano, los caballeros de San Teodorico, a quienes, según el ceremonial, correspondía llevar el féretro, y más dignatarios, empleados, sacerdotes y militares. El convoy mortuorio caminaba rápido; sólo al pasar por las estaciones refrenaba el paso, para, entre los nobles acordes de las marchas guerreras, tocadas en sordina, desfilar majestuosamente entre las multitudes, que permanecían en pie, aguantando la lluvia, descubiertas las cabezas e inclinados los rostros en un dolor mudo y respetuoso. Al fin llegamos a Rosemburg. Hacía un tiempo de invierno, frío y triste; llovía sin tregua, y el cielo gris, sucio, se reflejaba en un mar de zinc. Una gran multitud invadía el andén, presa de inmenso dolor, pero no del silencioso dolor de las otras poblaciones, sino de un dolor ruidoso, violento, agitado por ráfagas de intensa desesperación. Rosemburg adoraba a la santa princesa, y la amargura desconsolada de aquel pueblo decía mejor que nada el historial de sus virtudes. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com