Trabajo (fragmento)Emile Zola

Trabajo (fragmento)

"Nisa, la hija de los Delaveau, hermosa, potencialmente un caso patológico, es ayudada a dominar su temperamento por Soeurette, lo que no resultaba siempre fácil, pues a veces se volvía «orgullosa y autoritaria»… Tenía la tendencia a ser «muy coqueta, le gustaban los vestidos hermosos y las fiestas en que los lucía»… En ella revivía «algo de su voluptuosa madre y del padre despótico»… Pero superará —algo impensable en el ciclo de los Rougon-Macquart— esa herencia. Se casa con Nanet por amor, lo que le permite integrarse en el nuevo mundo de la Crêcherie. Y las veces en que en ella «revivía algo de su voluptuosa madre y del padre despótico», y no conseguía del todo superar esa herencia, le decía riendo a Nanet «que su hija, si la tenía, sería mucho mejor, porque hay que dejar a la sangre de los príncipes de este mundo tiempo para hacerse democrática en su descendencia cada vez más fraternal».
Los Mazelle, viejos rentistas, tienen que admitir que su hija Lucila se case con Luciano, hijo del colectivista Bonnaire.
Otra boda sonada fue la de Antonieta Bonnaire con Pablo Boisgelin: «Cuando la boda, hubo una gran fiesta, se celebraron estas bodas simbólicas, porque representaban la reconciliación del capital arrepentido y del trabajo triunfante.»
Por fin, en la Crêcherie, un mundo que había superado toda suerte de determinismos, «triunfaba el amor, el amor omnipotente que inflama el universo vivo y le lleva a su destino feliz». Como señala Pierre Ansart, Fourier, «más que una ciudad feliz, promete una ciudad en la que cada uno asumirá la totalidad de sus deseos en armonía con los de los demás».
Pero, como ya hemos visto, a pesar de todo, hubo, en el proceso de consolidación de ese «destino feliz», algunas tragedias. Porque no a todos les era hacedero adaptarse o aceptar la nueva sacralidad. Lo cual, claro está, formaba parte del esquema narrativo, del empeño de hacer compatible el discurso utópico y el novelesco. La tragedia de Morfain es la más patética de todas —y también la más emblemática—. Se resiste, fiel al pasado, a abandonar el viejo horno. El nuevo horno, eléctrico, podía ser manejado apretando simplemente un botón. La fuerza del coloso Morfain ya no era necesaria. El discurso utópico negaba al héroe épico. Así que un buen día, antes de «que hubiera tiempo para impedírselo, cogió el cable entre sus manos endurecidas por el fuego, semejante a tenazas de hierro. Y lo retorció, lo rompió con un esfuerzo sobrehumano, como un gigante irritado rompería el bramante de un juguete». Y apostilla Zola:
Caía como héroe fiero y tenaz de la antigua servidumbre. Vulcano encadena en su fragua, enemigo ciego de todo lo que le libertaba, poniendo su gloria en su sujeción; creyendo que era degeneración disminuir algún día el sufrimiento y el esfuerzo. La fuerza de la edad nueva, el rayo que él había venido a negar, a consultar, le había aniquilado; y dormía. "



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