Con la lengua trabada en Oslomfunf (fragmento)Ephraim Kishon

Con la lengua trabada en Oslomfunf (fragmento)

"Jamás habría ocurrido esto si Sulzbaum no hubiera descubierto que yo era el hombre ideal para el empleo. Hacía mucho tiempo que Sulzbaum estaba buscando a alguien con materia gris en quien pudiese depositar su confianza para ciertos asuntos; y ahora, después de las negociaciones que mantuvimos durante un tiempo, dio a entender de modo inequívoco que estudiaba seriamente la posibilidad de dejarme manejar el negocio.
En esa tarde fatal lo llamé por teléfono y me informó que quería cerrar el trato y que si no tenía inconveniente, me esperaría de inmediato en su casa. Las palabras no bastan para describir mi alegría. Después de todo, Sulzbaum es Sulzbaum, y esto es algo que nadie puede negar. Por lo tanto le pregunté sin más dilaciones dónde vivía, y él me informó:
-Calle Helsinfors 5.
-Estupendo –respondí-. Estaré con usted dentro de cinco minutos.
-Excelente…
Me puse en marcha en seguida, pero apenas había dado unos pocos pasos me hizo detener en seco algo más inexpugnable que una barrera: había olvidado por completo el nombre de la calle. Lo único que recordaba era que comenzaba con una P…
No me quedó otro recurso que entrar en una cabina telefónica y buscar su nombre en la guía. ¡En esta no figuraba ningún Sulzbaum! ¡Qué nombre! Para mayor seguridad, también lo busqué en la sección correspondiente a la Z. Nada. Me dije que debía tener un número nuevo. Por suerte lo había anotado en mi libreta, de modo que volví a llamarlo.
-En realidad es algo tan gracioso que no hay palabras para describirlo –le expliqué-, pero he olvidado el nombre de su calle.
-Helsingfors –respondió Sulzbaum-. Calle Helsingfors 5.
-Magnífico…
Ahora me había tornado más cauteloso, y no cesaba de repetirme: Helsingfors… Helsingfors… En un punto del extremo norte de la ciudad, detuve a un transeúnte.
-Disculpe, señor, ¿pero podría decirme dónde queda…?
-Lo lamento mucho –me interrumpió el hombre-, pero no soy de este barrio. Yo mismo estoy buscando la calle Uziel.
-La calle Uziel –murmuré-. Casualmente sé dónde queda. Siga derecho y doble en la segunda hacia la derecha.
-Muchas gracias –contestó el hombre, muy satisfecho-. Entre paréntesis, ¿qué calle busca usted?
-Yo… –dije-, bien… resulta que en realidad…
Créanlo o no, pero lo cierto es que la charla de ese individuo me había hecho olvidar una vez más del nombre de la calle. Lo único que podía haber jurado era que empezaba con ‘S’ y que el número era 9 o 19. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com