La casa del mirador ciego (fragmento)Herbjørg Wassmo

La casa del mirador ciego (fragmento)

"Tora se sentó junto a ellas y abrazó a la tía por el otro lado. Y así se quedaron las tres, bajo la lona, mientras el mar saltaba sobre la pequeña cubierta. Entraba bajo la borda por un lado y salía como una cascada por el otro. A veces Almar tenía que aminorar el motor y esperar a que llegara la siguiente ola grande. Como lo notaban por el sonido, ellas también la aguardaban, preocupadas por Rakel. Pero ahí estaba Ingrid, flaca y segura de sí misma. A Tora le parecía poder sentir la testaruda fuerza de su madre a través del cuerpo de la tía.
Deberían pasarse la vida sentadas sobre el escotillón de un barquito, pensó Tora. Con ventisca, como ahora.
La proa se hundía en el mar como si estuviera buscando algo en las profundidades, algo que en algún momento se le hubiera perdido u olvidado. Luego volvía a subir como una curiosa criatura y recibía más golpes de los elementos de los que tenía previstos. Pero aunque al principio se agachaba, luego giraba a la derecha o la izquierda y conseguía ponerse de costado a la borrasca.
Porque Almar también tenía su fuerza ahí dentro en su cabina. Estaba pendiente de los golpes de viento y se adelantaba a ellos. Aminoraba y se quedaba a la espera en la parte baja del valle de las olas. Con eso bastaba, eso era lo que se precisaba.
Salieron lanzados sobre la ola siguiente, pero aguantaron. El mar entró impetuoso sobre la cubierta, pasó por encima de los zapatos de goma nuevos de la tía, les salpicó las piernas y trazó oscuras manchas sobre la ropa donde la lona se volaba. Dibujó ojos acuosos y salados en caras rígidas.
Las manos de Tora estaban completamente entumecidas dentro de sus guantes nuevos finos. No servían para esto, solo eran para vestir. Aun así estaba caliente y contenta por dentro.
¡Mamá lo había solucionado todo! Era otra que en casa. ¡Aquí incluso podía hacerse cargo de la tía Rakel! A Tora le parecía una reina que había renacido deslumbrante tras el temporal, con su gran melena en furiosa batalla contra el viento.
Sí, era exactamente eso: ¡un renacimiento!
Y aquello no tenía nada ver con la casa del culto, simplemente consistía en ser fuerte e invulnerable por sí misma, y en apañarse sin mendigar a nadie.
Una pesada gota de agua colgaba de la barbilla de Ingrid, pero ella ni siquiera se daba cuenta, se limitaba a mirar tranquilamente la costa y la borrasca. Tora estaba tiritando, pero sentía un enorme calor por dentro. "



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