Cuentos de la oficina (fragmento)Roberto Mariani

Cuentos de la oficina (fragmento)

"¡Y la lluvia! no te avergonzaré recordándote que los otros días estuviste tres horas, ¡tres horas!, contemplando tras la vidriera del café, caer y caer y caer, monótonamente, estúpidamente, una larga, monótona y estúpida lluvia.
Entra, entra, entra, penetra en mi vientre, que no es oscuro, porque, ¡mira cuántos Osram flechan sus luminosos ojos de azufre encendido como pupilas de gata! penetra en mi carne, y estarás resguardado contra el sol que quema, el viento que golpea, la lluvia que moja y el frío que enferma.
Entra; así tendrás la certeza — que dará paz a tu espíritu—, de obtener todos los días pan para tu boca y para la boca de tus pequeñuelos. ¡Tus pequeñuelos, tus hijos, los hijos de tu carne y de tu alma y de la carne y del alma de la compañera que hace contigo el camino! Yo te daré para ellos pan y leche; no temas; mientras tú estés en mi seno y no desgarres las prescripciones que tú sabes, jamás faltará a tus pequeñuelos, ¡los pobres!, ni pan, ni leche, para sus ávidas bocas, entra, acuérdate de ellos, entra.
Además, cumplirás con tu deber, tu deber. ¿Entiendes? El trabajo no deshonra, sino que ennoblece. La Vida es un deber.
El hombre ha nacido para trabajar. "



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