Los desorientados (fragmento)Amin Maalouf

Los desorientados (fragmento)

"No soy yo la persona más indicada para decir esto, porque llevo un cuarto de siglo viviendo con una mujer a la que quiero y que me quiere. Pero sigo creyendo que el matrimonio es una institución desastrosa. Antes de la boda, todos los hombres están llenos de atenciones y de detalles; tratan a la joven a la que desean como a una princesa hasta que se convierte en "su" mujer; a partir de ese momento, tardan poquísimo en volverse unos tiranos y en tratarla como a una criada; cambian de arriba abajo y la sociedad los anima a hacerlo. Antes de la boda, es la estación del juego; luego, empiezan las cosas serias y sórdidas, y tristes.
Las mujeres no se portan mejor. Mientras están intentando encontrar acomodo, son todo mieles. Dulces, conciliadoras, de convivencia fácil; todo para tranquilizar al pretendiente. Hasta que éste se casa con ellas. Sólo entonces dan rienda suelta a su auténtico carácter, que hasta ese momento se habían esforzado en disimular.
Diré, en su descargo, que en ellas la transformación no es ni tan brutal ni tan sistemática como en los hombres. El enamorado y el marido son criaturas diferentes, igual que el perro y el lobo. Antes de la boda, todos somos perros hasta cierto punto; y, después, todos somos hasta cierto punto lobos; hay grados, pero se trata de una metamorfosis de la que resulta difícil librarse. En algunos ambientes parece algo tan normal como el paso de la adolescencia a la edad adulta.
En las mujeres, es menos tajante. Hay muchas que no cambian radicalmente, bien porque sean de natural muy afectuoso, bien porque sean malas actrices y se les acabe por notar la forma de ser real antes de que el hombre se comprometa. Desde luego que la mujer de Ramzi no pertenecía a esta categoría. Supo ocultar el juego hasta la boda y mostrarse dulce, dócil y considerada, tratándome como a un hermano; y a mi Dunia, como a una hermana. Luego, al día siguiente mismo, no pudo más y empezó a soltar el veneno. Cuando nuestro amigo cayó en la cuenta, ya era demasiado tarde. "



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