Aventuras del soldado desconocido cubano (fragmento)Pablo de la Torriente Brau

Aventuras del soldado desconocido cubano (fragmento)

"El espectáculo fue emocionante. El boticario de Burdeos se quedó solo en el hospital. Los ojos le brillaban de cólera. «¿Dónde está la Francia?» —gritaba. ¿Dónde están los galos? Y levantaba los brazos, con su brocha y su cubo de yodo. Puesto a la puerta del hospital, solo, sombrío, terrible, esperó a los boches. Y cuando las primeras patrullas asomaron, desolado corrió hacia ellas cantando a borbotones La Marsellesa. Las primeras filas se detuvieron sin
saber por qué durante un momento; las segundas miraron; las terceras vieron a un hombre que, en medio de la destrucción, cantaba avanzando, loco, y confundieron el cubo de yodo y la brocha, con una bomba espantosa y la mecha... Es un galo, dijo uno. Un alemán que ya apuntaba, al oír, soltó el arma. Uno viró la espalda y tronó el cañón francés en ese momento. El boticario de Burdeos corría hacía ellos, ya perseguidos, cantando La Marsellesa. Pero no pudo darles alcance. Detrás de él, avanzaba la infantería francesa. Un oficial le puso la mano en el hombro y lo viró violentamente: «¡Traidor!» —lo increpó—. Se pasaba usted al enemigo. El boticario se quedó mudo de asombro. El oficial era uno de los jefes que había huido del hospital «a contener al enemigo...» La mudez del boticario fue tomada por el pánico de ser cogido infraganti... Allí mismo se formó juicio sumarísimo y, condenado a muerte, fue fusilado contra el paredón del hospital, por «pasarse al enemigo con las armas en la mano», según el Código Penal Militar. «No en balde se le alegraban tanto los ojos cuando veía un avión alemán —decía el Coronel—. Era un traidor a la Francia» —comentó—. Y en esto, nuevo asalto de la infantería alemana y nueva fuga de los franceses, con el Coronel a la cabeza, por supuesto. Y el mismo día, nuevo asalto de los franceses y nueva fuga de los alemanes. Y la misma función como siete veces más, hasta que, al fin, ganaron los franceses por resistencia y allí mismo comenzó la debacle alemana. Por eso, escogieron este lugar para recoger el Soldado Desconocido de Francia. Pero en este sitio, tanto cañoneo no dejó a nadie sano. Además, allí nadie hubiera podido decir quién era alemán o francés. Pero quiso la fortuna que una granada que estalló detrás de él, lanzara sobre el cadáver del boticario fusilado, todo el paredón del Hospital; y cuando vino el escombreo mucho después, ya descompuesto del todo, se le encontró. No tenía identificación ninguna, porque antes de fusilársele se le arrancaron las insignias y documentos... Sin embargo, un hecho conmovió a toda Francia: con tinta china, en los calzoncillos, tenía escrita la Declaración de los Derechos del Hombre... ¿Quién mejor que él para Soldado Desconocido de Francia?...
El tiempo estaba vencido. Y, aunque lo hubiera querido, aquella noche no me hubiera podido contar nada del Soldado Desconocido ruso, de quien tenía ganas de oírle hablar. Todo se quedó para otra ocasión en que quedamos citados. "



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