El caballo negro (fragmento)Boris Savinkov

El caballo negro (fragmento)

"La melancolía del bosque me devora. Estoy en prisión. No son ramas sino barrotes. No es el susurro de las hojas, sino el tintineo de las cadenas. No es el campamento, sino cuatro paredes desnudas. ¿Saldré alguna vez de este círculo vicioso: Fedia, Yegórov, Wrede? ¿Podré romper alguna vez los lazos que nos unen: látigo, horca y fusilamiento? «La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé que alguien se compadeciera de mí, y no hubo quién. Busqué consoladores y no hallé ninguno.» ¿Dónde está Olga? ¿Qué ha sido de ella?
[...]
Iván Lukich es un producto al por mayor. Personas como él se fabrican cada día a decenas en toda Rusia. Pero él no ha salido con nuestro membrete. Nosotros hemos crecido en los invernaderos, en prisión o en el «jardín de los cerezos». Para nosotros, los libros fueron una revelación. Conocíamos a Nietzsche, pero no sabíamos distinguir entre el trigo de invierno y el de primavera, «salvamos» al pueblo, pero lo juzgábamos por el estándar de nuestro «Vania» de Moscú, «preparábamos» la revolución, pero damos la espalda con aprensión ante la visión de la sangre. Éramos aristócratas, amantes de la nobleza. Nos han sustituido hombres nuevos, que solo piensan en ellos mismos.
Cae la tarde. Una vela arde débilmente. Iván Lukich pasa la noche en la tienda.
[...]
Camino por un sendero en medio de los campos. Aún no se ha segado el centeno, florecen las amapolas rojas y entre las espigas ambarinas se esconden estrellitas azules, acianos. Es mediodía. Flota el olor dulce y amargo del ajenjo.
Cerca de Mozhar, doblo por la carretera principal. Paso por delante de una granja conocida donde vive un viejo amigo, el comerciante Iliá Korabliov. El huerto está vacío. La cuadra, desierta. En el amplio patio barrido con esmero no hay ni un alma. Solo en el estanque chapotean los patos y salpican agua. Sentado sobre la valla hay un niño, balanceando sus pies desnudos, negros del sol. "



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