El hijo de Noé (fragmento)Éric-Emmanuel Schmitt

El hijo de Noé (fragmento)

"Hace mucho tiempo se abatieron sobre el mundo lluvias incesantes. El agua hundía los tejados, agrietaba los muros, destruía los puentes, cubría los caminos, provocaba la crecida de ríos y torrentes. Gigantescas inundaciones arrasaron pueblos y ciudades. Los supervivientes se retiraron a lo alto de las montañas, que, al principio, ofrecían un refugio seguro pero que, por efecto de las afloraciones y del agua infiltrada, comenzaron primero a agrietarse y, después, a partirse en bloques. Un hombre, Noé, presintió que nuestro planeta iba a quedar totalmente cubierto por las aguas. Y entonces empezó su colección. Con la ayuda de sus hijos e hijas, se las arregló para encontrar un macho y una hembra de cada especie viva: un zorro y una raposa, un tigre y una tigresa, una pareja de faisanes, de arañas, de avestruces, de serpientes..., prescindiendo sólo de los peces y de los mamíferos marinos que ya proliferaban en el creciente océano. Entretanto, construyó también un enorme barco y, cuando las aguas se elevaron hasta ellos, cargó en su nave todos los animales y a los seres humanos que quedaban. El arca de Noé estuvo navegando varios meses sin rumbo por la superficie del inmenso mar en que se había transformado la tierra. Pero al cabo cesaron las lluvias. El agua comenzó a bajar lentamente. Cuando Noé temía que no iba a poder seguir alimentando a los habitantes de su arca, soltó una paloma, que regresó con una hoja tierna de olivo en el pico, lo que indicaba que las crestas de las montañas sobresalían por fin por encima de las olas. Comprendió entonces que había ganado su loca apuesta: salvar a todas las criaturas de Dios. "


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