La cortesana (fragmento)Pietro Aretino

La cortesana (fragmento)

"No debe sorprenderte eso, porque un señor como éste, antiguo camarero de diez canes, desvanecido ahora con tanta grandeza, cree cosa muy natural que todo el mundo le adore; y aun si fuera posible leer en su interior, tal vez halláramos que se reproche a sí mismo haber puesto amor en Livia, dando como lógico que ella vaya tras él, según le damos a entender.
Pobrecillo búho. Y ahora, para que sepas, he de decirte cómo, de hoy más, quiero hacer por mi ánima; pues en efecto, soy de las que pueden dejar el mundo en buen hora, tantas voluntades se me han logrado en él. Ni Lorencina, ni Beatricica, ni Angioletta de Nápoles, ni Beatriz, ni Madrema nonvuole, ni la célebre Imperia, hubieran servido para descalzarme en mi tiempo. Las modas más caras, casas bonitas, el matar toros, montar a caballo, las cebellinas con cabeza de oro, papagayos, monos, las camareras y criadas por docenas, eran para mí cosa corriente, y recibía señores, monseñores y embajadores a porrillo, ja, ja.
Me río, recordando que una vez saqué a un obispo la mitra misma, y se la puse en la cabeza a una criada mía, burlándonos las dos del pobre hombre. Cierto mercader de arcares, se dejó en mi casa hasta sus cajas, de donde vino que en ella, por algún tiempo, todo se condimentara con azúcar.
Vime afligida después por una enfermedad, que nunca se supo qué fuera, tamen la trataron como mal francés, envejeciéndome a fuerza de tantas medicinas como me hicieron tomar.
Entonces comencé a tener cuartos para alquilar, vendiendo primero anillos, vestidos y todas las demás cosas de la juventud, y luego me reduje a lavar camisas bordadas.
Por fin dime a aconsejar a las jóvenes, no fueran tan tontas que dejaran a la vejez marchitar la carne… ya me entiendes.
Pero ¿Qué te iba yo a decir? "



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