Los amores de Sylvia (fragmento)Elizabeth Gaskell

Los amores de Sylvia (fragmento)

"Los Foster solían rematar sus formales cartas con un resumen, igualmente formal, de las noticias de Monkshaven; pero jamás se mencionaba a los Robson, lo cual era bueno en sí mismo, aunque no aliviara la impaciente curiosidad de Philip. Jamás le confió a nadie el amor que sentía por su prima, no era su estilo; pero a veces se decía que si Coulson no se hubiese tomado tan a mal la misión confidencial que le habían asignado, le habría escrito para pedirle que fuera a Haytersbank Farm y le hiciera saber cómo iba todo.
Durante todo ese tiempo, Hepburn se encargó del asunto que había sido la causa de su viaje, y lo hizo con gran habilidad; de hecho, y de varias maneras, estaba poniendo los cimientos para ampliar el negocio de Monkshaven. De talante serio y callado, y lento en el habla, impresionaba a quienes le veían, que le consideraban un hombre de más edad y experiencia que las que realmente tenía. De hecho, las personas que conoció en Londres imaginaron que se dedicaba al negocio de hacer dinero. Sin embargo, antes de que llegara el momento de finalizar su misión y regresar a Monkshaven, habría dado todo lo que poseía por una carta de su tío en la que le contara algo de Sylvia. Pues aún tenía esperanzas —aunque las supiera infundadas— de que le llegara alguna noticia de Robson. Pero a menudo nos convencemos, haciendo uso de buenos argumentos, de que lo que deseamos es casi un imposible, y luego, al final de nuestro razonamiento, nos encontramos con que nos podíamos haber ahorrado la molestia, pues nuestros deseos siguen siendo los mismos, y están tan enemistados como siempre con nuestra paz de espíritu. El deseo frustrado de Hepburn era como Mardoqueo sentado a la puerta de Amán; todo su éxito en aquel recado que le había llevado a Londres, su excelente manejo de los asuntos mundanos, era algo insípido, y ningún placer le proporcionaba, pues nada sabía de Sylvia. "



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