Los Nazarenos (fragmento)Salomé Jil

Los Nazarenos (fragmento)

"Indiferente al espectáculo grandioso que le rodeaba, insensible a las maravillas de aquella naturaleza agreste, atravesaba Macao lentamente la montaña y se internaba más y más, seguro de que el feroz enemigo con quien iba a combatir, debía estar aún distante de un sitio como aquel, que no se hallaba lejos de las casas. Continuó, pues, marchando a la ventura, y cuando hubo andado cerca de una legua, le pareció escuchar algún rumor entre el espeso matorral que cubría el suelo por todas partes. Puso oído atento, y pronto pudo convencerse de que no se había engañado. Entre la verdura del follaje vio, a unos cincuenta pasos, que se destacaban el negro y el amarillo de la piel de un tigre. El esclavo se preparó al combate, que sabía muy bien había de ser mortal. Limpió el terreno donde iba a verificarse la lucha, apartando los troncos y la maleza, a fin de que nada pudiese estorbarle la libertad de los movimientos, y tomadas aquellas precauciones, se colocó tras un árbol, en cuyo tronco apoyó, para mayor seguridad, el cañón del arcabuz.
El tigre, luego que descubrió al negro, fue avanzando, poco a poco, hacia el punto donde éste se encontraba, sin desprenderle la mirada y mostrando de tiempo en tiempo sus dientes aguzados. Luego que la fiera estuvo a unos diez pasos de distancia, Macao amartilló el arma, apuntó al tigre entre los dos ojos, tiró del gatillo y salió silbando la bala. Quiso la desgracia que en el momento mismo en que partía el tiro, dio la fiera un salto para lanzarse sobre su presa, y aquel movimiento hizo que, en vez de entrar la bala por en medio de la frente, penetrase por el pecho. El tigre vaciló, se quedó por un momento sentado sobre los pies, pero luego se incorporó y lanzó un rugido que repitieron los ecos de la selva solitaria. Macao entonces comprendió que tenía que disponerse a un combate cuerpo a cuerpo. Se salió al descampado y se preparó a recibir a la fiera con el machete. El tigre, aunque debilitado por la herida, de donde corría la sangre a borbotones, se acercaba al negro, que lo aguardaba impávido. Hizo el animal un esfuerzo y se lanzó sobre el hombre, que lo recibió levantando el machete y descargándolo con toda la fuerza de que era capaz. El hierro se hundió en el cráneo del tigre, abriendo una profunda herida. "



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