Al pueblo nunca le toca (fragmento)Álvaro Salom Becerra

Al pueblo nunca le toca (fragmento)

"El discurso de Sotero, idéntico en el fondo y en la forma a todos los que había pronunciado hasta entonces y a los que pronunció posteriormente, calificado por "El Nuevo Tiempo" del día siguiente como "un compendio de filosofía política y una magistral exégesis del pensamiento conservador", entusiasmó al auditorio hasta el frenesí. Casiano, de ordinario tan incrédulo y apático, contagiado del delirio colectivo, no sólo lanzó vítores estrepitosos y aplaudió rabiosamente, sino que le hizo entrega al tesorero del movimiento de los únicos cinco pesos que llevaba consigo.
La división conservadora continuó ahondándose por la obstinación de los dos candidatos a no deponer sus ambiciones y la vacilante actitud del Arzobispo Perdomo, quien primero recomendó la candidatura del uno y después la del otro. Y el partido liberal vio una ceja de luz en el horizonte y le ofreció la candidatura presidencial a Enrique Olaya Herrera, obsecuente servidor de la hegemonía, ex ministro de Relaciones Exteriores de Carlos E. Restrepo y de Jorge Holguín, ex ministro en la Argentina y Chile y Ministro en Washington desde 1922.
Olaya, hombre cauto, astuto y sagaz, transaccional y contemporizador, la aceptó con la condición de que no fuera una candidatura de partido sino de "concentración nacional", regresó al país e hizo una campaña relámpago.
El día más feliz de la vida de Baltasar Riveros fue el de la llegada del candidato liberal a Bogotá. La víspera compró dos yardas de raso rojo para reemplazar su vieja y descolorida bandera, una corbata encarnada para sustituir la desteñida que guardaba en su armario, una cinta roja para superponer en la verdinegra de su antiguo sombrero de fieltro, el clavel más rojo que encontró en una floristería, un escudo con la efigie de Olaya para lucir en la solapa y una botella de aguardiente. "



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