El misterio de la villa (fragmento)William Somerset Maugham

El misterio de la villa (fragmento)

"Y cambió de conversación, como si no diera importancia al asunto. Poco tiempo después descubrí que entre sus amistades circulaba una singular historia. Se decía que Charles Strickland se había encaprichado de una bailarina francesa a la que había visto por vez primera en un ballet del Empire, marchándose con ella a París. No pude descubrir de dónde había salido aquella historia, pero, cosa singular, le creó muchas simpatías a Mrs. Strickland, proporcionándole, al mismo tiempo, no escaso prestigio, lo cual fue aprovechado por ella para los fines que se había propuesto. El coronel Mac Andrew no exageraba al decir que su cuñada se había quedado sin un céntimo y que tendría que empezar a ganarse la vida en el más breve plazo posible. Mrs. Strickland resolvió aprovecharse de sus amistades, entre las que había tantos escritores, y sin pérdida de tiempo empezó a estudiar taquigrafía y mecanografía. Su educación hacía prever que sería una mecanógrafa más eficiente que la mayoría, y su infortunio constituía una excelente recomendación. Sus amistades le prometieron enviarle trabajo y encomendarla a otras personas.
El coronel Mac Andrew y su mujer no tenían hijos, y como estaban en buena posición, se encargaron del cuidado de los muchachos, por lo que Mrs. Strickland sólo tuvo que preocuparse de sí misma. Alquiló el piso, vendió los muebles y se fue a vivir en dos pequeñas habitaciones situadas en Westminster, dispuesta a hacer frente a la vida. Era una mujer tan decidida que con seguridad sacaría provecho de la aventura.
Unos cinco años después de lo que acabo de relatar decidí irme a vivir a París durante algún tiempo. Londres empezaba a cansarme. Me aburría tener que hacer lo mismo todos los días. Mis amistades proseguían su vida inalterable; ya no tenían secretos para mí y cuando nos encontrábamos sabía por anticipado lo que iban a decirme. Hasta sus asuntos amorosos eran de una tediosa vulgaridad. Éramos como tranvías que hiciesen su recorrido de un extremo a otro de la línea, siendo posible calcular con exactitud el número de pasajeros que podían transportar. La vida estaba demasiado bien ordenada. El pánico se apoderó de mí. Dejé mi pequeño aposento, vendí las pocas cosas que tenía y opté por comenzar una nueva vida. "



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