Alrededor de una mesa (fragmento), de No son cuentosMax Aub

Alrededor de una mesa (fragmento), de No son cuentos

"El bueno de don Vicente, con su capillita en casa, se relacionó con la gente del Socorro Blanco; y a conspirar. A los quince días estaba en chirona. Tuvo la suerte de que fueran agentes de la Generalidad los que dieron con él. Lo encerraron en Montjuic. Pudo entrar en relación con Fenoll y éste logró sacarlo. Prometió no volverse a meter en líos (no quiso salir a Francia) y estarse quietecito en casa. Juró eterno reconocimiento a su salvador. Pasó el tiempo —poco y borrascoso—; Fenoll seguía en sus trece y salvó una caterva de religiosos. Ventura Gassol se tuvo que ir y el bueno del viejo vio el horizonte más cerrado. Como podéis suponer, mi don Vicente volvió a las andadas. Eso de la política se lleva en la sangre —una fiebre que difícilmente se cura—. Y, a poco, volvió a caer, no que la policía estuviese bien hecha, pero ¡detenían a tantos! Esta vez no hubo remedio y el canónigo pasó ante tres mozalbetes que se pusieron a interrogarle. Empezó negando a Cristo todas las veces que quisieron y entonces uno de los jóvenes, que no era tan tonto como parecía, al verlo tan acobardado por la muerte le propuso un cambalaje. Ya por entonces empezaba a hablarse de la libertad de conciencia, y que, al pelear nosotros por la nuestra, no debíamos ir contra la de los demás. Resumiendo: le propuso salvarle la vida y dejarlo adscrito al tribunal para confesar a los condenados, siempre que denunciara a sus cómplices. Aquella proposición entusiasmó a los otros dos miembros del tribunal: eso de que sus propios condenados a muerte pudieran recibir los socorros de la religión les parecía perfecto. "


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