El regreso de Casanova (fragmento)Arthur Schnitzler

El regreso de Casanova (fragmento)

"Desde luego no sólo estaba interiormente convencido de que Lorenzi había sido el primer amante de
Marcolina sino que sospechaba incluso que aquella había sido la primera noche que ella le había concedido sus favores; sin embargo, eso no le impedía seguir aquel juego de pensamientos malevolentes y lascivos mientras daba la vuelta al jardín bordeando el muro. De forma que se encontró de nuevo ante la puerta de la sala, que había dejado abierta, y comprendió que, de momento, no podía hacer otra cosa que dirigirse de nuevo, sin ser visto ni oído, al aposento de la torre. Con toda precaución se deslizó escaleras arriba y se dejó caer luego en el sillón en el que se había sentado antes; delante de la mesa en la que las hojas sueltas del manuscrito parecían sólo aguardar su regreso. Involuntariamente, sus ojos cayeron sobre la frase que antes había interrumpido a la mitad; y leyó: «Voltaire será inmortal, sin duda; pero habrá comprado esa inmortalidad con su alma inmortal; el ingenio ha consumido su corazón como la duda su alma, y por ello ... », En ese instante, el sol de la mañana penetró, rojizo, a raudales, de forma que la hoja que tenía en la mano pareció arder y, vencido, la dejó sobre la mesa con las otras. Sintió de pronto la sequedad de sus labios y se sirvió un vaso de agua de una botella que había sobre la mesa; estaba tibia y dulzona. Asqueado, apartó la cabeza a un lado; en la pared, desde el espejo que había sobre la cómoda, lo miraba un rostro pálido y viejo, con cabellos en desorden que le caían sobre la frente. Complaciéndose en atormentarse, dejó que las comisuras de su boca cayeran aún más, como si tratara de interpretar en el teatro un papel absurdo, se pasó las manos por el pelo, para que los mechones cayeran más desordenadamente, sacó la lengua a su imagen del espejo, graznó contra sí mismo, con voz intencionadamente ronca, una serie de insultos estúpidos, y finalmente, como un niño mal educado, tiró al suelo de un resoplido las hojas de su manuscrito. Luego comenzó otra vez a insultar a Marcolina y, después de haberla agraciado con las palabras 'más obscenas, siseó entre dientes: ¿crees que la alegría dura mucho? Engordarás y te arrugarás, y envejecerás como las demás mujeres que fueron jóvenes contigo ... una mujer vieja de senos flácidos, de cabello gris y seco, desdentadada y maloliente ... ¡y por fin morirás! ¡También de joven puedes morir! ¡Y te pudrirás! Y serás comida de gusanos.- Para tomar de ella una última venganza, trató de imaginársela muerta. La veía vestida de blanco acostada en un ataúd abierto, pero era incapaz de imaginar en ella ningún signo de descomposición; en cambio, su belleza realmente sobrenatural le produjo "un nuevo frenesí. Ante sus ojos cerrados, el ataúd se convirtió en lecho nupcial; Marcolina estaba echada en él sonriendo, con párpados centelleantes y, con sus manos finas y pálidas, como por desdén, se iba desgarrando la blanca túnica que cubría sus pechos delicados. Pero cuando él extendió los brazos hacia ella y quiso precipitarse encima, abrazarla, la visión se desvaneció en la nada. "



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