En solitario (fragmento)James Salter

En solitario (fragmento)

"Las cosas iban despacio. Cabot se había roto el pulgar en una caída de veinte pies. Eso no lo había detenido; seguía en ello haciendo tanto como cualquiera e incluso más. Era el único que creía que iban a llegar a la cumbre. Los demás eran meros soldados, autómatas.
La pared estaba completamente helada. Así no habría desprendimientos, pero el frío era intenso. Se producían frecuentes avalanchas de nieve. Lentamente, con resolución inquebrantable, estaban abriendo una vía nueva por completo hacia la cumbre. Dejaban cuerdas fijas en algunos puntos para acelerar el ascenso y el descenso. El esfuerzo se concentraba siempre en el punto más alto.
A mediados de enero habían escalado la mitad de la pared. Habían excavado dos vivacs en la nieve, búnkeres los llamaba Cabot. Tenían que establecer el tercero. Entonces, retirarían las cuerdas fijas y, empezando desde abajo, un hombre intentaría el ascenso. No era el plan inicial..., se le había ocurrido sobre la marcha. Sería un ascenso directo desde el tercer búnker, cargando víveres y equipo. Alcanzaría la cumbre en solitario.
Pero el tercer búnker se les resistió. Se encontraban en una parte muy escarpada de la pared. No había nieve, únicamente sólido hielo que había que picar pulgada a pulgada. Se les congelaban las manos, los pies. Trescientos pies más arriba había un lugar que parecía algo mejor.
[...]
Se sentaron un rato en el bar. A la luz atenuada, el cabello rubio y disperso de Cabot parecía mate. Era como un marginado visto en las sombras, desdibujado, con aire de indefensión. Quizá estuviera medio dormido.
A la mañana siguiente salieron de nuevo. Habían decidido quedarse en la pared hasta alcanzar el nevero que parecía haber arriba. Bray era el primero de cordada. Habían salido del hotel en la oscuridad y, en todo el camino hasta los campos helados, camino que habían recorrido tantas veces, no se dijo una palabra. Cabot resbaló y se cayó una vez. Bray no se dio la vuelta.
Tuvo la negra todo el día. Estaba subiendo una grieta llena de hielo. Costaba veinte minutos de esfuerzo mover un pie. La grieta se ensanchaba poco a poco, él se apuntalaba contra los lados. Tenía la impresión de estar solo allí. Un sentimiento extraño se apoderó de él, un desapego, una euforia casi, como si sólo fuera una fotografía. El silencio de abajo dejó de existir, el miedo desapareció. Siguió abriéndose camino. Estaba agarrado a la nada, en equilibrio sin saber cómo. Notó que el pie empezaba a resbalársele. Procuró aguantar. "



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