Canadá (fragmento)Richard Ford

Canadá (fragmento)

"Mientras Berner y yo limpiábamos la casa y nuestro padre recorría en coche como un loco las tierras baldías de Montana y Dakota del Norte tratando de decidir qué banco atracar, nuestra madre entró en un estado de ánimo nuevo, extraño. Restregar y ventilar la casa era algo insólito, ciertamente, pero, según pude oír, también hizo varias llamadas telefónicas a sus padres a Tacoma, no para pedirles que la acogieran en su casa sino para que nos brindaran a Berner y mí un sitio donde vivir. Habló con ellos con la voz más natural y afectuosa, como si hubieran estado viéndose una vez al mes en lugar de ni una sola en diecisiete años. Aceptarían a Berner, según creí entender, pero no a mí. Un chico era demasiado para ellos. Fue una razón más, sin embargo, por la que Berner llegó a creer que tenía que escaparse de casa: la perspectiva de una vida con un par de viejos polacos severos, recelosos y nada comprensivos que no conocía y a los que probablemente no iba a gustarles, pero que, casualmente, resultaba que eran sus abuelos.
A la cadena concreta de acontecimientos y decisiones mediante las cuales nuestra madre se aseguró de mi bienestar e impidió que fuera a caer en manos del estado de Montana, llegaré sin falta más tarde, pues es la parte de la historia más importante para mí. Pero lo más importante de aquellos dos días, durante los que limpiamos a fondo la casa antes de que mi padre volviera el miércoles por la noche con un banco para atracar en mente, sigue siendo sin duda el estado de ánimo de mi madre; incluso ahora, después de tantos años desde que ya no está. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com