Historia de los dos sitios de Zaragoza (fragmento)Agustín Alcaide Ibieca

Historia de los dos sitios de Zaragoza (fragmento)

"Nuestras tropas creyendo que iba el enemigo a cogerles la espalda salieron a la calle; pero cercioradas de que los franceses no ocupaban el edificio, y que tampoco salían de sus atrincheramientos, dispuso el comandante Villacampa volviesen a entrar; mas al tiempo de verificarlo, fue tan grande el fuego graneado que hicieron de frente los que, escalada la muralla, se habían unido a los del molino, que en pocos minutos perecieron de cincuenta a sesenta voluntarios, y por fortuna observaron podían libertarse entrando por la parte del locutorio que estaba a la derecha de la principal, como lo ejecutaron.
Dada la señal, el capitán don Pedro Perena por la puerta de la derecha, y el de igual graduación don Vicente López por la de frente volvieron a entrar, y los franceses dejaron el muro, abandonando siete escalas, varios picos, palas y morriones, tomando Perena y López las primeras escalas y las otras sus soldados. Entonces vieron con sorpresa que durante este intervalo había subsistido solo el capitán don Pedro Mendieta, haciendo fuego al enemigo con granadas de mano desde una ventana sita a un extremo, y contigua a la misma brecha, de modo que al tiempo de escalar el muro para introducirse en el recinto, les incomodó sobremanera, y les hizo creer subsistían los voluntarios; pues aunque por razón de la retirada reinaba el silencio, temieron fuese algún ardid, y esto sin duda los contuvo. En verdad que el denuedo de este oficial valiente produjo un servicio muy interesante, pues si el enemigo sabe la evacuación, aprovechando el momento, hubiese tomado a poca cosa tan interesante punto. El objeto de este fue sin duda el reconocer las brechas, y lo consiguió, viendo que la del convento de Agustinos no era practicable a causa de una escarpadura interior de quince pies, y que la otra daba a un recinto casi circunvalado por el edificio del convento. Como quiera, a las dos de la mañana, considerando que la tropa abrumada con tanta fatiga sucumbiría, trataron de sorprenderla ; pero no bien conocieron sus intenciones, cuando al momento ocuparon los Voluntarios sus puestos, rompieron el fuego, y los obligaron a replegarse haciéndoles algunos de menos.
Al mismo tiempo que estaban cerrando la brecha de Santa Mónica, los que se hallaban en las inmediaciones del convento de la Encarnación trataron de inquirir si se habían alojado en él los franceses. Efectivamente, en la tarde del 27 todo fue confusión, y como los escarmentaron de tal manera en el trecho que hay desde la Puerta del Carmen hasta Trinitarios, obraban con cierta lentitud. Nuestros defensores en aquellos momentos de premura tampoco pudieron atender a él; pero felizmente, habiendo salido a explorar lo que había el sargento primero de fusileros Francisco Quílez con treinta y cinco hombres de su compañía, vio que el enemigo ni había hecho alto, ni fortificándose, y desalojaron a algunos que se habían introducido. Dado este paso, proyectaron reconquistar a Trinitarios, y llegada la noche salieron varias compañías con ánimo de sorprender a los franceses, pero lo defendieron vigorosamente, a pesar de que por dos veces los atacaron de firme. Con motivo de estas tentativas, en los ataques de su derecha y centro hubo un fuego extraordinario. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com