En el piso de abajo (fragmento)Margaret Powell

En el piso de abajo (fragmento)

"Al vivir en una convivencia tan estrecha con los demás criados se producían muchas discusiones. No se puede encerrar a unas cuantas mujeres –y puede que esto sea también aplicable a los hombres– sin que tengan unas palabras entre ellas, y ¡qué palabras! Sin embargo, por más que los criados se pelearan, siempre formaban un frente unido ante ellos, los de arriba.
Siempre les llamábamos «ellos». «Ellos» eran el enemigo. «Ellos» nos hacían trabajar en exceso. «Ellos» nos pagaban demasiado poco, y para «ellos» los criados éramos una raza aparte, un mal necesario.
Como tales, éramos su tema principal de conversación. Las camareras siempre bajaban para contárnoslo. Era más o menos así: «Si viviera en una casa de campo pequeña no me molestaría nada en tener criados, porque no son más que una molestia. No dejan de pelearse entre ellos, siempre quieren más dinero, no quieren hacer trabajos difíciles y nunca hacen las cosas como tú quieres. Pero, como tengo una posición que mantener, no me queda más remedio que contratarlos».
La señora Cutler nos veía, sin duda alguna, como un mal necesario. Así que en aquella casa nosotros siempre estábamos unidos frente a «ellos», los de arriba. Según «ellos», nosotros, los criados, nunca podíamos ponernos enfermos, ni vestir demasiado bien, ni tener opiniones distintas de las suyas. Al fin y al cabo, es obvio que si únicamente has ido a la escuela hasta los trece o catorce años, tus conocimientos están muy por debajo de los que tienen arriba, ¿no es cierto? Así que, puestos a tener opinión, lo mejor es coger la de los de arriba, que para eso saben más que tú.
«Ellos», los de arriba, pensaban que los criados no sabíamos apreciar el confort ni la buena vida, por lo que nos contentábamos con cosas ordinarias, trabajar y comer en mazmorras, y retirarnos a dormir en cuartos fríos y espartanos. Al fin y al cabo, ¿por qué molestarse en gastar dinero mejorando y facilitando la vida de un montón de personas a las que no les importa lo más mínimo lo que hagas por ellas? Nunca intentaron averiguar si, de haber mejorado nuestras condiciones, y de habernos puesto dormitorios en lugares agradables para descansar, nos habríamos preocupado más. No, no valía la pena gastar dinero porque los criados nunca se quedaban contigo, hicieras lo que hicieras por ellos. De todos modos, estaba claro que «ellos», ahí arriba, necesitaban vivir en el lujo, y que «ellos» podían honrar la mesa del comedor y tener conversaciones ingeniosas. Lo que quiero decir es que tiene que haber un estrato social en el que la gente pueda moverse de aquí para allá con elegancia y permitirse conversaciones ingeniosas, y nadie puede hacer eso si se dedica a hacer el trabajo difícil. Así que, cuanto más dura hagas la vida de los que trabajan para ti, menos inclinados se sentirán a entablar conversaciones de ningún tipo.
Sin embargo, si «ellos», ahí arriba, hubieran oído las cosas que nos contaban las camareras cuando bajaban, se habrían dado cuenta de que nuestra expresión imperturbable y nuestros respetuosos modales ocultaban sorna y desdén. "



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