El río de la vida (fragmento)Norman Maclean

El río de la vida (fragmento)

"Me senté en un tronco y abrí mi caja de moscas. Sabía que necesitaba una que fuera idéntica a esas moscas, porque cuando una gran eclosión como ésta o de la mosca salmón ocurre, los peces ya no pican nada más. Como prueba de ello, y según pude ver, Paul aún no había conseguido ninguna captura.
Me figuré que mi hermano no disponía de la mosca adecuada, pero yo sí. Como he explicado antes, Paul llevaba todas sus moscas en la cinta del sombrero. Pensaba que con cuatro o cinco generales de diferentes tamaños podía imitar casi cualquier insecto, acuático o terrestre, en sus diversas fases, de ninfa a adulto alado. Siempre se burlaba de mí porque yo llevaba moscas de todas clases. «Hay que ver —me decía mirando mi cajita—, sería estupendo si alguien supiera utilizar al menos diez moscas de todo este ejército». Pero ya he hablado antes de la abeja y sigo convencido de que en determinadas ocasiones una general no engaña al pez. En esa ocasión, la mosca tenía que ser de las grandes, con un cuerpo amarillo a franjas negras, y tenía que volar a distancia del agua con las alas extendidas, un poco como una mariposa que ha sufrido un percance y no puede secarse las alas batiéndolas sobre el agua.
Era tan grande y tan llamativa que fue la primera mosca que vi al abrir la caja. Tenía por nombre Bunyan Bug y era obra de un montador de Missoula llamado Norman Means, que ofrece un variado surtido de moscas grandes y llamativas, todas bajo el apelativo Bunyan Bug. Vienen atadas a anzuelos grandes, un número dos y un número cuatro, tienen el cuerpo de corcho con crin de caballo atada de través a fin de que puedan planear sobre el agua como las libélulas. El cuerpo de corcho está pintado de diferentes colores y lacado. El ejemplar más grande y llamativo del centenar de moscas que a mi hermano tanto le hacían reír era probablemente la Bunyan Bug número dos, mosca de la piedra amarilla.
Le eché una ojeada y me pareció perfecta. Mi esposa, mi suegra y mi cuñada —cada cual a su manera, un tanto complicada— me habían vuelto a declarar su amor hacía poco. Y yo, a mi manera un tanto complicada, les había devuelto ese amor. Quizá no volviera a ver nunca más a mi cuñado. Madre había encontrado el aparejo de pesca de padre y él había salido una vez más con nosotros. Mi hermano cuidaba de mí con ternura… y no pescaba ni a tiros. Aquél iba a ser mi día. "



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