La cárcel (fragmento)Jesús Zárate

La cárcel (fragmento)

"La ciudad rodea la cárcel, como si se nutriera de ella, y a la vez como si tuviera miedo de ella. Con sus garras de cemento, la ciudad tiene aprisionada a la cárcel. Las casas que la rodean parecen una prolongación indeseable de la prisión. Vista desde aquí, la prisión aparece como el ombligo de la pequeña ciudad. Sin duda, la cárcel representa y define la pequeña ciudad con más precisión que el local de la escuela pública, con más exactitud que la fachada de la iglesia, con más elocuencia que el edificio de la diputación regional.
En otros tiempos, nuestra cárcel era llamada panóptico. Otros la llamaban penitenciaría. También se atrevían a referirse a ella llamándola reformatorio o correccional. Los historiadores y los poetas la llamaron ergástula, y chirona los cronistas de policía. Por lo menos, hoy no subsisten rezagos de esas palabras pestilentes. La única reforma carcelaria que a través de los tiempos ha hecho evolucionar la cárcel ha sido, pues, de carácter literario, y es una cuestión de nombre. Cárcel expresa hoy completamente lo que hay que expresar sobre este lugar.
Sobre las torres altas que se levantan en los dos extremos de la cárcel, grupos de guardianes armados nos observan detenidamente, así como nosotros vigilamos todos sus movimientos. En esta permuta de espionaje binocular hay un intercambio de coquetería funeraria. Las torres no son ampliaciones modernas del edificio. Nacieron con él, y forman parte original de su frío cuerpo de piedra. Sobre cada una de ellas se levantan, un poco irónicamente, dos cruces de hierro: son estas cruces las que han dado lugar a la leyenda de que la cárcel fue convento.
Tomo el binóculo y observo las torres. Con la bruma de la mañana, las cruces no se ven. Pero se ve muy bien el acero nuevo de los fusiles telescópicos de los guardias, que apuntan hacia la terraza con la precisión milimétrica de la muerte. "



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