Una historia violenta (fragmento)Antonio Soler

Una historia violenta (fragmento)

"Mauri, los días que no le correspondía hacer la excursión, nos acompañaba hasta la parada del autobús. Y se quedaba allí, un poco retirado, con Ernestito y conmigo, comentando todas las ventajas que tenía no ir ese día a la playa.
A mí siempre me tocaba el peor día. Me lo explicaba Mauri con mucho detenimiento en la parada del autobús o incluso me lo hacía ver el día anterior. Si era el día en que yo iba, ese día no había amanecido con temperatura suficiente y además ya estaba casi gastado, el gran día era mañana, cuando yo me quedaría solo en la calle, rondando la explanada trasera de los bloques o acercándome hasta los Pabellones Militares mientras Mauri se zambullía en el agua. Si era él quien se marchaba estaba claro que el presente era lo único que valía, no había más que verlo en la expresión radiante de Mauri, en su felicidad inmediata, todo lo demás era futuro, una nebulosa llena de improbabilidades.
Resultaba imposible verlo desde otro punto de vista. Mauri me lo exponía con mucha claridad. Y Ernestito asentía vagamente, desde la distancia que le daba su ensimismamiento natural y la certeza de que ocurriera lo que ocurriese él siempre estaría allí, en la playa, cogiendo autobuses, deambulando por la arena con una toalla sobre los hombros, siguiendo la estela del gorrito amarillo de su madre mar adentro.
Doña Julia era como un avión en el cielo.
Un punto lejano, una insignificancia de color limón en medio de una inmensidad dejando tras de sí un rastro blancuzco que poco a poco se iba deshaciendo. Y tal como sucedía con el avión, resultaba difícil creer que bajo aquella cabeza de alfiler de color amarillo hubiera algo de humano. Que hubiera personas en aquel punto brillante, metálico, del avión. Que fuese una persona, con sentimientos, casa, muebles, risas, familia, quien impulsaba mecánicamente, incansablemente, aquella insignificancia amarilla a través del agua.
Supongo que a doña Julia le gustaría ver la orilla, las casas, las personas que allí había, desde lejos, como si nada de eso tuviera que ver con su vida. Como si todos fuésemos lejanos puntos amarillos.
Eso era lo terrible del asunto. "



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