El fistol del diablo (fragmento)Manuel Payno

El fistol del diablo (fragmento)

"La fortuna, lo mismo que con el tendero hereje, se comenzó a mostrar adversa con nuestro amigo. Cerciorado por sus agentes de que tanto Arturo como Manuel se habían marchado de México, salió de su escondite, que era una celda del convento de San Fernando, y como era de esperarse, se dirigió a casa de Celestina, que así se llamaba la muchacha. Tan luego como ésta lo vio le echó los brazos al cuello, le hizo mil zalamerías, y le dijo, no obstante de que era una mujer sin educación, pero de muy buen talento, las más lisonjeras palabras.
El viejo, encantado con estos agasajos, que raras veces le prodigaba Celestina, olvidó los sustos que le había causado la persecución de Arturo; el amor de Teresa, a quien ya daba por muerta; sus intrigas; todo, en fin, y se puso a bailar, a cantar, a reír como un loco, correspondiendo de la manera más apasionada a las caricias de la muchacha. En cuanto ésta consideró al viejo fascinado y loco de amor, puso su mano en la camisa de rica holanda, y trató de quitarle el valiosísimo fistol, que fue, en unión de otras alhajas, depositado por el padre de Arturo en poder del tutor, y que no era otro que el fistol de Rugiero. Cuando conoció don Pedro las decididas intenciones de Celestina, de apoderarse de esta prenda que estimaba muchísimo, y por la cual varios acaudalados de México le habían ofrecido gruesas sumas, sonriendo maliciosamente, y enseñando como de costumbre sus negruscos dientes, se abotonó la levita hasta el cuello, y repelió a la muchacha, la que tropezando con un banquillo fue a dar sobre un sofá. "



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