El novio del mundo (fragmento)Felipe Benítez Reyes

El novio del mundo (fragmento)

"Fefi tenía que volver a casa de sus señores (ella decía eso: «mis señores», mi feudal Fefi) a las once, porque aquello, según me dijo, era una especie de cuartel civil mandado por la señora, que era de condición carcelaria y que tenía cogido por salvas sean las partes al señor, un fulano de natural tendente a la cuchipanda, según pude comprobar durante el dramático día de la boda de su hija, la neurótica –la «insoportable», según la terminología psicoanalítica de Fefi.
Dejé a Fefi en la parada del autobús porque no me tenía en pie. «No te irás a buscar a esa, ¿verdad?», me dijo, señalando con un dedo despreciativo y enérgico al punto geográfico en que aproximadamente quedaba el Hades, con Lupi Flamingo dentro. «Si podría ser mi abuela», dije yo.
O sea, analicemos las cosas con la misma frialdad que Immanuel Kant: Fefi tenía celos de Lupi Flamingo, y, al menos que yo sepa, la gente sólo tiene celos de sus rivales amorosos, no de los guardias municipales ni de los jilgueros que disfrutan de su inútil libertad por los áridos campos de Castilla. Conclusión rápida, kantiana: Fefi estaba ya enganchada al walterismo. (Fefi y Walter: la diosa rural y el urbanita seductor. La clase de mitos clásicos que a mí me gustan.)
Cuando Fefi iba a subirse al autobús, me hizo prometerle que me iría a dormir. Y se lo prometí, claro está, y sonrió. «Llámame el martes», y le dije que desde luego, metido como estaba en una espiral insensata de promesas. "



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