El legado (fragmento)Sybille Bedford

El legado (fragmento)

"Aquel año, el otoño llegó temprano a la Sologne. Melanie, a quien antes no le gustaba la tranquilidad, ahora no podía soportar el sonido que hacía el viento. Ella creyó que se marcharían después del nacimiento del bebé, pero Julius no dio ninguna muestra de ello. Ahora, cuando estaba en casa, se mostraba a gusto con ella: era amable, atento y, en ocasiones, incluso hablador. Se decidió que era necesario mantener las chimeneas encendidas de toda la casa, y algunas de ellas humeaban siempre. Eso era molesto y perjudicial para su asma, y le ocupaba buena parte del tiempo. Almorzaban en el comedor, que era demasiado grande, y Julius ideó una forma de lidiar con las corrientes de aire, aunque éstas parecían que cambiaban constantemente de dirección. Ambos seguían poniendo especial cuidado en su ropa. Llegó una caja de mimbre con el letrero agua, por favor, dirigida a Henrietta Clara Melanie von Felden. En su interior, sobre un lecho de paja revuelta y galletas troceadas, jadeaba un cachorro de foxterrier. Sujeto a la caja había un sobre con una tarjeta. «Para Henrietta de su tío Johannes», y una carta. Julius montó en cólera.
[...]
El perro fue familiarizándose con el lugar y se lo acabó conociendo como el perro de Henrietta. Nadie se acordó de hacer nada respecto al ordenanza. Melanie estuvo tosiendo a lo largo de todo el mes octubre, y la doncella creyó que sufría una calentura. En noviembre sufrió una bronquitis, pero en Navidad volvía a estar en pie. Julius le dijo que tenía que comer. Fue un invierno suave pero húmedo. El piso de abajo no se utilizaba. A Julius le servían la cena en la sala, donde leía sus catálogos, y a Melanie le subían la comida en bandejas. Cuando las ocas salvajes oían cómo se abría su ventana, se amontonaban debajo de ella para lanzarse tras algún bocado que ella tuviera a bien arrojarles. En enero, llegó la noticia de que Flora había muerto. Cuando Julius lo supo, fue incapaz de decírselo a Melanie. Se encerró con el telegrama y pensó en mandar llamar a Clara, al cura, a Nelly de la Turbie… Al final le pidió a la doncella de Melanie que se lo dijera ella misma. Ésta, la nueva, la francesa, que al parecer era bastante buena mujer, aunque su señora no le caía bien, hizo cuanto pudo.
—Eh bien non, elle ne m’a pas semblée trop bouleversée —le dijo.
Melanie lloró un poco aquel día, y todos los días de aquella semana, por la pobre Flora, y no paraba de mencionar anécdotas que recordaba de tiempo atrás.
Julius le preguntó si no creía que a sus padres les gustaría tenerla a su lado en esos momentos. Melanie contestó que Flora había pasado los últimos cuatro años lejos de casa, y estaba segura de que preferirían continuar tal como estaban. "



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