Las niñas perdidas (fragmento)Cristina Fallarás

Las niñas perdidas (fragmento)

"Un día Victoria volvió al barrio y el Santo ya era el Conseguidor. No le extrañó. El Santo ya no era el Santo, y el barrio ya no era el barrio.
No hacía ni un mes que la detective había acudido a ver al Conseguidor y se lo tuvo que pensar mucho antes de volver. Dos veces en el mismo mes tras más de diez años sin encontrarse le parecía demasiado. En aquella otra ocasión fueron la rabia y la confusión de su preñez reciente las que la llevaron hasta la puerta de su pasado. Sucedía que alguien le había cortado la mano al mítico John Slowhand Clairbone, su mano, la que ella sentía que le pertenecía, la que había puesto música a su adolescencia y su juventud, la mano con la que Slowhand tejía aquellos solos de guitarra a cuyas cuerdas Victoria se agarraba colgada del último ácido para subir al cielo. Sí, al cielo, y no pocas veces junto al Santo, que ahora ya no era el Santo. Sucedía que al viejo roquero le habían rebanado la mano un mes antes en un concierto en Barcelona y Victoria había explotado. Se tomó el asunto como una agresión, a su historia y a sus modos, y se lanzó a la calle acompañada de las protestas de Jesús a descubrir al hijo de puta que se había encaprichado por aquella mano para su colección personal. Creyó ver en todo aquello un ataque a su vida, a su pasado, lo ligó a la frustración de edad y barriga, y acabó en casa del Conseguidor. Pero el asunto era más patético, porque no había coleccionistas y demasiado tarde se dio cuenta de que estaba haciendo el ridículo y, para colmo, no iba a cobrar un duro por todo aquel desatino. Se había dejado llevar por el dolor y la perplejidad, y la equivocación la había llevado hasta las fauces del Santo, que ya era conocido mucho más allá de las fronteras del barrio y de Barcelona como el Conseguidor. Se juró a sí misma que una y no más, que no volvería. Evidentemente, se equivocaba. "



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