La vida era eso (fragmento)Carmen Amoraga

La vida era eso (fragmento)

"Al día siguiente volvió a salir, primero porque pensó que el (poco) ejercicio había tenido que ver con el hecho de que no pensara que su marido le decía esas cosas, y segundo porque esa noche consiguió dormir (un poco) mejor. En el segundo intento aguantó un par de minutos más, pero volvió con las pulsaciones aceleradas. Insistió. Al otro día cambió de táctica y decidió correr dando vueltas a la manzana de su casa, por si se infartaba o se provocaba una fascitis o cualquier otra lesión. La cuarta vez que salió a correr consiguió dormir desde las dos de la madrugada hasta que sonó el despertador, a las siete y media de la mañana, y decidió darle una oportunidad al deporte, por si acaso tenían razón todos los que decían que el ejercicio genera la hormona de la felicidad y todo ese rollo del que ella y William tanto se reían mientras practicaban sillonball y dedicaban sus esfuerzos a hacer pocos esfuerzos.
Empezó a correr veinte minutos los lunes, los miércoles y los viernes. Se sentía satisfecha y, poco a poco, cómoda. Abandonó el perímetro de seguridad de su casa y se adentró en los parques y jardines que la rodeaban, pertrechada con su equipaje y con el preludio de la primera suite para violonchelo en sol mayor de Bach sonando en bucle y sólo para ella.
Por eso lo deja también. Por Rostropóvich, que lo toca como nadie y al tocarlo abre la puerta por la que se le cuela su madre con el paño para el polvo en el delantal y la reprende por la falta de higiene doméstica, pero se la come a besos cuando llega del colegio y le desliza caramelos de la suerte en la mochila si va a tener un examen, y si algo le duele en el cuerpo o en la mente la sienta en sus rodillas y le da golpecitos suaves en la espalda al ritmo de la canción que tararea, casi siempre El día que me quieras, y «si es mío el amparo de tu risa leve que es como un cantar, ella aquieta mi herida, todo todo se olvida», hasta que se le pasa el disgusto o el malestar. "



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