Fin de semana en Nueva York (fragmento)Josep Pla

Fin de semana en Nueva York (fragmento)

"Para entender la presencia de los claustros en Nueva York hay que partir de la Colección George Grey Barnard, el americano que a principios de siglo empezó a comprar por partes arquitectura y escultura de piedra de la Europa medieval. La Colección Barnard no recogió monumentos enteros, pero sí al menos partes de estos monumentos susceptibles de ser desmontadas, numeradas, transportadas y reconstruidas en tierras americanas. Todo el mundo sabe el abandono en el que yacían maravillosos monumentos del pasado, tanto en Francia como en nuestro país. Lo cierto es que el coleccionista compró lo que quiso y creó una colección que, debido al volumen de los objetos, no podía, claro está, instalarse en vitrinas, sino que fue colocada en un hangar inmenso de Fort Washington Avenue (que se encuentra en el extremo norte del barrio universitario), donde se pudo visitar a partir de 1914. El Metropolitan Museum de Nueva York adquirió la colección gracias a un donativo de Mr. John Rockefeller, y así surgió el problema de su instalación definitiva. Rockefeller lo resolvió comprando los terrenos de lo que después sería el Tryon Park y regalándoselos a la ciudad; reservó una parte para instalar la Colección Barnard. La ciudad de Nueva York debe los claustros a Mr. Rockefeller, porque no sólo se compraron las piedras medievales con su dinero, sino también los terrenos para reconstruirlas, y además añadió dinero para el mantenimiento. El conjunto de los claustros se instaló definitivamente en 1938.
Mr. Rockefeller hizo más aún: regaló al museo su colección particular de arte medieval: cuarenta grandes piezas, entre las que se encuentra el magnífico sepulcro de los condes de Urgel, procedente del monasterio de Bellpuig de las Avellanas, obra memorable del gótico catalán que salió de nuestro país a principios de siglo a pesar de la protesta —como escribió Joaquim Folch— de cuatro catalanistas con mucho cuento a los que nadie hace caso. Este sepulcro es una de las piezas más sensacionales de los claustros.
Desde el punto de vista técnico museístico, la instalación fue dirigida por Mr. Breck, subdirector del Metropolitano, con la colaboración de Mr. Rorimer, actualmente jefe de la sección de arte medieval del mismo museo, y del arquitecto Mr. Collans. Cuando murió Mr. Breck, en 1933, la llevó a cabo definitivamente Mr. Rorimer, que conoce muy bien nuestro país y Barcelona, y, huelga decirlo, nuestro museo, del que hace un gran elogio en el libro perfecto que ha dedicado a la historia, a la valoración y al catálogo de los claustros. Este libro de Mr. Rorimer ha sido muy beneficioso para el Museo de Cataluña y para nuestro arte en general. "



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