Penélope y las doce criadas (fragmento)Margaret Atwood

Penélope y las doce criadas (fragmento)

"Y cosas parecidas. Si Euriclea hubiera sido más joven, le habría pegado una bofetada.
Sin embargo, sus exhortaciones debieron de surtir algún efecto, porque durante el día yo conseguía mantener la apariencia de ánimo y esperanza, y aunque no me engañara a mí misma, al menos engañaba a Telémaco. Le contaba historias sobre Odiseo: sobre lo buen guerrero, lo inteligente y lo atractivo que era, y lo felices que íbamos a ser cuando él volviera a casa.
Cada vez inspiraba más curiosidad, como era lógico que ocurriera con la esposa —¿o había que decir la viuda?— de un hombre tan famoso; cada vez venían a visitarnos con más frecuencia barcos extranjeros que traían nuevos rumores. Y a veces también tanteaban el terreno: si se demostraba que Odiseo había muerto, no lo quisieran los dioses, ¿estaría yo abierta, quizá, a otras ofertas? Yo y mis tesoros, claro. Yo no hacía caso de esas indirectas, porque seguían llegando noticias de mi esposo, aunque fueran confusas.
Odiseo había descendido al reino de los muertos para consultar a los espíritus, aseguraban algunos. No, sólo había pasado la noche en una vieja y tenebrosa cueva llena de murciélagos, decían otros. Había hecho que sus hombres se pusieran cera en los oídos, explicó uno, cuando navegaban cerca de las seductoras sirenas —mitad pájaro, mitad mujer—, que atraían a los hombres a su isla y luego los devoraban; él se había atado al mástil para poder oír su irresistible canto sin saltar por la borda. No, le corrigió otro, era un burdel siciliano de lujo: las cortesanas que trabajaban allí eran famosas por su talento musical y sus extravagantes vestidos de plumas.
Resultaba difícil saber qué creer. A veces pensaba que la gente inventaba cosas sólo para asustarme, y para ver cómo se me llenaban los ojos de lágrimas. Tiene cierta gracia atormentar a los vulnerables. "



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