Belleza sin ley (fragmento)Juan Goytisolo

Belleza sin ley (fragmento)

"Valdés se portó indignamente con Carranza, dándole por carcelero a un tal Diego González que, si hemos de creer cierto memorial de agravios del preso, se complacía en martirizarle lentamente. Puso candados en las ventanas de su aposento, quitándole la luz y la ventilación; le guardó no sólo con hombres, sino con lámparas, perros y arcabuces; le daba de comer en platos quebrados; ponía por manteles las sábanas de su cama; le servía la fruta en la cubierta de un libro; y, en suma, era tal el desaseo, que el cuarto estaba trocado en una caballeriza. Sin cesar le traía recados falsos y no ponía en ejecución los suyos; impedía la entrada a sus procuradores; se burlaba de él cara a cara con extraños meneos y ademanes; y de todas maneras le vejaba y mortificaba más que si se tratase de un morisco o judío.
Del tal «Diego González» nos da cumplida noticia José Jiménez Lozano en su libro Fray Luis de León. Licenciado e inquisidor del tribunal de Valladolid, desempeñó un papel esencial en el proceso incoado a los hebraístas salmantinos por su sañudo celo profesional y su odio antijudío:
por ser Grajal y fray Luis notorios conversos, pienso que no deben querer más que oscurecer nuestra fe e volverse, e volverse a su ley, y por esto es mi boto y parecer que dicho fray Luis de León sea preso y traído a las cárceles del Santo Oficio para que con el fiscal siga su causa.
Mezcla de comisario soviético y jefecillo nazi, Diego González se distinguió por la crueldad –sería mejor decir sadismo– con que trataba a sus víctimas. Las conmovedoras misivas del maestro Grajal y de Alfonso de Gudial –caídos en la misma redada que fray Luis y Martínez de Cantalapiedra– sobre unas condiciones de detención muy semejantes a las que sufría «la hidra reaccionaria» descabezada en los años treinta del pasado siglo, fueron archivadas por los señores inquisidores y ambos perecieron en sus celdas. El ideal del verdugo de Diego González era el de ver al reo convertido en «un animal antropomorfo desnudo», como se describió a sí mismo siglos después un huésped de la Lubianka. "



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